Carolina Cuervo Navia: Esto-vi en 2023

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Actriz, dramaturga, comediante y productora creativa. Con más de 30 años de experiencia, cuenta con una larga trayectoria en el teatro, el cine, la televisión y la radio. Literata con opción en Estudios Teatrales de la Universidad de los Andes y Magíster en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional. CEO y fundadora de Boonet.co, la plataforma colombiana de contenidos digitales que impulsa la industria audiovisual en Latinoamérica.

Hay teatro. Hay mucho teatro. Hay un movimiento imparable que hierve en las calles de muchas ciudades en Colombia. Eso me hace feliz. Me maravillo —y me lamento al mismo tiempo— de no poder ver todo lo que me ofrece la cartelera porque simplemente no me alcanzan los días. Y hay teatro clásico y contemporáneo, de autor, de texto; hay danza y música, hay circo, clown, improv… Están pasando cosas relevantes y una proliferación de iniciativas y de colectivos teatrales; hay investigación y exploración, arrojo, acción. Hay democratización de espacios que sirven de calderos para probar la sazón, medir los ingredientes, las especias con que se cocinan las preguntas e inquietudes en una conversación como país. Todo distinto y diverso, como lo que somos.

Este ejercicio de memoria al que me han invitado, me emociona. No sólo por la importancia de volver sobre lo visto para comprender por qué aún resuena en mí, sino para reconocer el fuerte movimiento teatral que tenemos en este país, con una lista que sobrepasa las 380 obras en 2023 —sólo en Bogotá—. La potencia y la fuerza del teatro en Colombia se percibe como la consecuencia de un tiempo abrumador y complejo en la humanidad que sigue encontrando la posibilidad de comprenderse desde el universo exploratorio del escenario, el movimiento, el cuerpo y la palabra. Aquí van diez de las obras que tuve la fortuna de disfrutar. Difícil escoger sólo diez porque hubo más, pero haré el ejercicio juicioso que se me ha propuesto.

El álbum / La troupe /Dirección de Javier Riveros Diago

Esta obra de clown se ha robado mi corazón. Ya sabemos que el arte del payaso es uno de los más complejos de nuestro oficio y esta obra está magistralmente interpretada por dos de ellos: Juanita Cetina y Javier Riveros Diago —quien además es el director y escritor, junto a Diego Figueroa—. Una historia que aborda un tema sensible: la vejez y las dificultades y retos que esta trae. Fito y Lila son sus personajes con más de 60 años y nos llevan por un viaje nostálgico, amoroso, dulce y divertido —también musical—, mientras nos narran la historia de sus vidas y de lo que los ha traído hasta este día tachado en el calendario. El tic tac de un reloj y una llamada insistente nos hacen saber que hay algo que deben resolver antes de que el reloj marque la hora. Cargada de humor fino y delicado, a través de conversaciones gestuales, sonidos indefinidos e interacciones amorosas con el público, nos lanzan un dardo directo al corazón que nos deja flechados para siempre.

La vi con mi hija de siete años y fue una hermosa oportunidad para hablar de la muerte, de la elección a morir dignamente, es decir, de ese amor profundo por la dignidad de uno mismo. ¡Bellos payasos!

De ratones y hombres / Compañía Señor M / Dirección de Manuel Orjuela

Llevaba tiempo con ganas de ver este montaje adaptado de De ratones y hombres, de John Steinbeck y dirigido por Manolo Orjuela; desde que se montó la primera vez tuve desencuentros entre sus tiempos en cartelera y los míos. Pero como todo en la vida es cuando debe ser, por fin tuve la oportunidad de verla en su corta temporada en La maldita vanidad. Fue una noche que calificaría de mágica, porque con muy poco, tuve mucho. No sólo por esa noche teatral y las almas que allí confluyeron, sino porque a pesar de ser un montaje de pocos elementos y escenografía —todo ocurre encima de una mesa—, fue generosa y suficiente y por tanto, memorable. La belleza de ese texto desgarrador y doloroso se conjuga con la maestría de unos actores gratificantes, deleitosos y exquisitos así como, categóricos, irrebatibles y rotundos. Me gusta decirlo así, con adjetivos, muchos. Jhon Alex Toro, Héctor Sánchez y Laura Rodríguez hacen un trabajo precioso, acompañados por la música en vivo de Jorge Arbeláez. Se convierte todo en una experiencia distinta, con la mirada auténtica, moderna y cada vez más precisa de su director, Manolo Orjuela. No dejen de verla.                

El sueño de la bomba atómica o la teoría de los glaciares / ViveMikey / Dirección de Julián Arango Osorio.

Quedé completamente alucinada y agradecida con la escritura de Julián Arango. A medida que avanzaba la conversación entre los protagonistas, me complacía escuchar un texto tan bellamente escrito, preciso, cedencioso, profundo y divertido. Tuve la certeza de que lo que se decía ahí era importante y que su dramaturgia fue el resultado de un proceso juicioso donde se decantaron cosas. ¡Escribe más, Julián Arango, por favor!

Todo transcurre en una panadería de barrio que se llama Nueva York, dos amigos que otrora fueron cercanos pero que se reencuentran un tiempo después para saldar cuentas, quizás, pero que terminan inscritos en un caos sin vuelta atrás. Con una puesta en escena sencilla, los actores Jimmy Vásquez y Daniel Calderón —quien sorprende con un personaje divertido y dulce— deliberan ese texto de forma poderosa.

Olvido / Dirección de Jimmy Rangel

¡Ah! ¡El cuerpo, el movimiento, la danza! La imagen construida con fuerza, poesía y dedicación. La conjugación de un pensamiento poderoso y condensado en cada elemento creador de una pieza artística. La imagen, esa caja de luz pequeña que simula un hogar de paredes transparentes, la luz, la música, el cuerpo, la palabra, la experiencia que se hace completa cuando ves el todo como una gran poesía —aunque lo que subyaga sea confuso o aterrador o doloroso—. Lo que Jimmy Rangel hace en cada una de sus obras es compartirnos algo de lo que su cerebro brillante comprende. Es como si tuviera la posibilidad de ver la luz en la oscuridad, lo bello en lo difícil, lo amoroso en ese desasosiego que a veces resulta de pensarnos vivos. Se habla con el cuerpo. Se dice a través del movimiento y la maestría del espacio y la interpretación de los talentosos Melissa Álvarez, Titi Peña y el mismo Jimmy. A partir de los cuentos de Agatha Christie, se exploran aquí el terror y el suspenso como géneros narrativos. Elementos distorsionadores, cabezas grandes, agua, la iluminación de Leonardo Murcia y la música de Juan Cataño. Todo esto compone una experiencia contundente que refleja la visión, el estilo inigualable y único de un artista enorme que tenemos en este país.

Hay que matar a Tréplev / Salva al gato / Dirección de Juan Bilis

Y entonces, aparece esta versión libre de La gaviota de Anton Chéjov; aparece como una excusa para volar y probar y hacerlo a su manera. Excusa de Juan Bilis (Juan David Meza), director y dramaturgo de esta pieza con la que comienza a dejar ver su esencia, su estilo y su talento. Y es bello ver a Diana Ángel haciendo tan bien lo que sabe hacer bien: actuar. Ese personaje de Irina Arkadina es contundente y un espejo circundante de una realidad que confronta; y es bello ese solo fantástico del maestro Juan Combariza en una silla de ruedas que pone a bailar con la rebeldía y la desobediencia de este personaje, el único que en el fondo comprende la desalentadora y distorsionada realidad planteada en esta historia. Sí, se puede sentir ese espíritu chejoviano que sostiene la pieza, pero también y más importante, se puede ver la mirada propia desde donde se cuenta esta historia moderna, acaso, de los dolores físicos y mentales que nos narran como sociedad en este país.

Desmontando a ShakespeareCompañía trágica de payasos / Dirección de Jorge Mario Escobar y Milton Lopezarrubla.

Mi carcajada estruendosa retumbaba por todo el teatro. Shakespeare en versiones cortas y hecho por payasos. Es una genialidad. Y aunque esta obra lleva años en cartelera, es quizás, una de mis favoritas de este año. Mi cabeza volaba a la par con estos payasos infalibles, con esta historia delirante, con la perspicacia de unos artífices tan precisos y afinados. Escribí equivocadamente “preciosos” en vez de “precisos” hace unos segundos, pero lo he tomado como una señal divina, una señal que aparece en la búsqueda de adjetivos para esta reseña y que en efecto es el que reúne con más exactitud y esmero lo que estos artistas son: preciosos. Escrita por el argentino Hernán Gené, cuenta la historia de una compañía —trágica— de payasos que quiere cambiar la historia del teatro universal a través de la representación de tres de las obras más representativas de Shakespeare. Bajo esta premisa y bajo la dirección de Mario Escobar y Milton Lopezarrubla, —dos maestros de esta difícil y exigente técnica—, logran consumar y alquimizar el encuentro de cuatro maravillosos intérpretes: Juanita Cetina, Jeny Lara, Viviana Bernal y Felipe Garay / Juan Diego Marin. Hilarantes, engranados como la maquinita de un reloj, te hacen ver fácil lo difícil, reír de lo doloroso y agradecer al cielo por su inmenso talento. Seguirá rodando esta pieza, sin dudarlo. Por favor, no se quede sin verla.

Cuando mayo no sea mayo / Compañía Señor M / Dirección de Manuel Orjuela

La intimidad y el teatro. Una de mis mezclas favoritas. Estar sentada en la sala de la casa de Manolo Orjuela, su director, —sala que ha sido casa, teatro, bar, salón de ensayos y hogar— frente a una mesa, expectante de lo que sucedería en este encuentro de palabra y obra con la fascinante Patricia Tamayo, fue bello y dulce y doloroso al mismo tiempo. Hay, en ese texto de Moisés Ballesteros, una circunstancia semejante al apocalipsis: el terror de cualquier ser humano a des-contarse, a des-narrarse, a des-acumular lo que hemos creído construir a lo largo de la vida y que de un día para otro pueda empezar a desaparecer. La pérdida de la memoria como algo inevitable nos revuelca en las preguntas filosóficas de la existencia y la identidad. Y como si ya esto no fuera poco, aparece ese otro personaje de forma contundente y necesaria, el bandoneón de Giovanny Parra, escogido con tanta sabiduría; Parra, escucha atentamente la palabra bien dicha de Patricia, pero acompaña luego y relata la simultaneidad de la melancolía y la ternura. Y todo esto, la convierte en una obra valiosa, resultado de una inquietud y un interés particular de sus creadores e intérpretes.

El plan / Teatro Nacional / Dirección de Andrés Caballero

Tres amigos atraviesan, cada uno a su manera, una crisis importante de sus vidas. El desempleo, las relaciones de pareja, la inconformidad, la iliquidez, las relaciones jerárquicas, la fragilidad de la masculinidad, la salud mental, el machismo, entre otros temas, resuenan a lo largo de esta obra sostenida bajo el eje central de la amistad —y al mismo tiempo, los límites de esta—. Este texto del español Ignasi Vidal, es adaptado a nuestra idiosincrasia y a nuestros tiempos pos pandémicos por su director Andrés Caballero. Escoge asertivamente —por la cercanía de los actores entre sí— a Santiago Alarcón, Andrés Toro y Rafael Zea para interpretar a estos tres amigos. Y se hace cómodo verlos y se convierte en una obra divertida y frenética por momentos, vesánica, desequilibrada e idiota —en la versión más ingenua de esa palabra que raya con el absurdo—. Y es un gusto verlos navegar ahí, a cada uno en su esencia cómica y sarcástica, hasta un final que quizás fue lo que menos disfruté, no por ellos, si no porque hay algo de esa estructura, de ese tono y de esa historia que no me concordaban con él. Por demás, fue un “gran plan” ir al teatro a verlos. No por nada se mantuvo en cartelera más de ocho meses, si mal no recuerdo.

Otelo / Teatro R101 / Dirección de Hernando Parra

Este Otelo como excusa para honrar la historia de un hombre desconocido pero extraordinario, en un país racista y violento, me pareció una propuesta diferente y pertinente en su manera de ser contada. Es la historia de Amaranto Piñeres Balanta, proveniente del caribe colombiano, quien nos narra esta tragedia Shakespeariana en sus propias palabras, con su propio lenguaje e imaginario. Amaranto, un personaje que sí existió y que inspiró a Ramsés Ramos para crear este trabajo unipersonal, una tragicomedia “goti tropi caribe”. Adoro estos saltos al vacío y precio el talento de Ramsés para deliberar el texto. La palabra en su boca se hace cálida y entretenida y cómoda —aunque lo que diga sea incómodo—. Y es así como provoca y pone sobre la mesa temas dolorosos y complejos, a la vez que nos recita canciones vallenatas y folclóricas que complementan el relato. Lo que más disfruté, la sencillez y la afabilidad de un intérprete que nos deja entrever su intimidad y su vulnerabilidad. Dirigida por Hernando Parra y con la dirección de arte de Mateo Rueda.

La electus / Sin compañía clown / Dirección de Juan Carlos Yela

Pensarán que sólo vi payasos en este 2023, y bueno, sí. Vi a varios. Y entre más veo, más me enamoro de ellos. El clown es sin duda un arte mayor, que exige una técnica y una experiencia vastas para encontrar ese lenguaje con el que se pueden contar muchas historias, pero sobre todo, con el que se pueden decir cosas importantes y abordar temas profundos y dolorosos. El payaso dignifica al ser humano y resignifica la manera como nos paramos sobre esta tierra. La electus —la elegida—, es una obra dulce y confrontadora al mismo tiempo, un homenaje al universo femenino y a la maternidad en tiempos de guerra. Esta pieza unipersonal, interpretada por la inigualable Viviana Bernal, es la historia de Lorenza, una mujer humilde pero trabajadora, quien se dedica a barrer las calles de la ciudad y coleccionar tesoros —o regalos de la vida, como ella misma lo dice— sacados de la basura entre la cual transcurre su día a día; la vemos confrontarse cuando recibe una visita inesperada, un encuentro que la pone a prueba pero que sortea con la tenacidad y la fuerza del amor profundo de una madre por un hijo. Ella es resistencia, pero también es poesía y es cuestionamiento y es risa y humor e ironía. Escrita por Viviana Bernal y dirigida por Juan Carlos Yela, esta es una obra que seguirá vigente en tanto la desigualdad, la pobreza, el abandono y la lucha femenina por la igualdad, sigan estando a la orden del día.


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