Luchando contra el olvido

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A partir del trabajo registrado en el libro Luchando contra el olvido / Investigación sobre las dramaturgias del conflicto. Parte I y II, hoy podemos tener una perspectiva más clara de la particularidad de la dramaturgia colombiana, en donde la influencia de nuestro contexto histórico, político y social que ha generado el conflicto armado en Colombia, ha sido el motor creativo de muchos de los escritores dramáticos colombianos y que en esta publicación, podemos revisar con más precisión.

Gracias al dedicado e importante proyecto que contó con el respaldo del Ministerio de Cultura y que fue elaborado por el investigador Enrique Pulecio Mariño, bajo la tutoría de Marina Lamus Obregón y la coordinación general de Hernando Parra, se hace un acercamiento a las «poéticas» del conflicto armado colombiano. Historias de profunda violencia aún sin terminar y que han dejado cicatrices en todo colombiano, hacen que un significativo grupo de obras escritas para teatro y nacidas de estos temas, se conviertan en declaraciones, reclamos y catarsis de un dolor común, que no sólo ha inundado a las víctimas directas, si no a todos los compatriotas.

Aprovechando esta herramienta de reflexión, el Ministerio de Cultura en alianza con el grupo Umbral Teatro, ha trabajado en la difusión de algunos de los textos de estudio, haciendo la Puesta en voz y posterior Lectura dramática de los mismos, en diversos departamentos del país. Las obras han sido leídas por grupos combinados entre actores y actrices locales y  personas de la comunidad afectadas por el  conflicto, como aporte al proceso de verdad, justicia y reparación.

Los municipios escogidos para hacer parte de esta acción, tienen mucho que decir al respecto y estos son: Caldono –  Cauca en donde Carolina Vivas de Umbral Teatro, dirigió Jacobo espera a su padre del dramaturgo Rodrigo Rodríguez ; Miranda – Cauca, donde el director del grupo bogotano Púrpura Creactivo, William Guevara Quiroz, leyó su obra A, tres historias de amor, ausencia y agua; Santander de Quilichao y Villarica también del departamento del Cauca, en donde Bernardo Palomino, director payanés del grupo La tortuga Triste, dirigió Algún día nos iremos de la escritora Piedad Bonet. En San Vicente del Caguan y La unión peneya en Caquetá, dirigida por Edilberto Monje, se leyó la obra Ladrillo portante de celda circular de Liliana Hurtado y en Libertad y San Onofre del departamento del Sucre, se leerá la obra La siempreviva de Miguel Torres, dirigida por Ignacio Rodríguez.

Luego de las lecturas se realizan foros con los espectadores, en los cuales los asistentes socializan su percepción de la obra y del asunto que la misma trata, generando un dialogo fructífero en torno a nuestra historia y nuestro presente.

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