Ricardo y Nicolás Dávila: Esto-vi/mos en 2023

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Hermanos bogotanos, fundadores de La Casa de Atrás (@grupolacasadeatras), productora de contenidos narrativos en cine, teatro y literatura, con más de 12 años de trayectoria y trabajo juntos. Como escritores, directores, actores y productores han sido ganadores de múltiples premios como Mejor Corto Categoría Profesional y Mejor Guion, Smartfilms 2020, con No pasa nada; Premio de Teatro en Movimiento (IDARTES), Premio Nacional de Cuento (La Cueva).  Dictaron Masterclass en dramaturgia audiovisual de Musa Stage y Sesiones Maestras de Teatro Estudio 87. Sus obras, Las 7 vidas de Belgrado, La Virgen del Mercedes y Gloria y Ramona o por qué las jirafas nunca hablarán coreano han sido publicadas y premiadas en diferentes espacios y antologías. Su más reciente trabajo fue la comedia de amenaza, No pregunte versión libre de El montaplatos de Harold Pinter. Actualmente son maestros de teatro y escrituras creativas con su fundación Voces Globales Colombia en la que imparten talleres permanentes de teatro y salud mental para víctimas, campesinos, indígenas y firmantes de la paz.

Las listas y concursos siempre serán incompletas, nunca estarán listas. Pero desde que nos dedicamos al teatro, hemos sido seguidores y promotores de iniciativas como la de Kiosko Teatral y sus reconocimientos Esto-vi, que más que una competencia, es un espacio que busca resaltar el trabajo escénico del teatro en Bogotá, que fuerza vital de esta ciudad. A William Guevara, amigo y colega, gracias por la invitación y la persistencia.

*Advertencia: La siguiente lista de obras favoritas también está parcialmente escrita a cuatro manos. Algunas las vio Nicolás. Otras las vio Ricardo. Otras juntos. Y muchas otras se quedaron por fuera, como No pregunte y Gloria y Ramona o porqué las jirafas nunca hablarán coreano. Que por conflicto de intereses no entraron en esta lista. Lástima.

No te escupo en la cara porque la vida lo hará mejor que yo / La RuedaRoja / Dirección de Jorge Mario Escobar y Carolina Mejía

Este clásico de la comedia, no solo se jacta de tener uno de los títulos más cínicos del teatro colombiano, sino que le hace justicia en toda su puesta en escena. Durante muchos años, quisimos verla, pero no coincidíamos, como una cita romántica que no se daba a pesar de la química. Por fin la vimos en esta versión especial en su última función en Casa E Borrero, que contaba con la participación especial de la dueña del chuzo.

La obra es un “cabezazo” en todo sentido: el tema (despecho); el género (comedia); la estructura (monólogos diversos en un grupo de autoayuda). De manera que la posibilidad de identificarse con al menos uno de los testimonios de vida es muy alta. Y, aunque puede coquetear peligrosamente con el stand up, el lenguaje teatral explota en su máxima potencia con el hilo que conecta las historias y la ficcionalización del público: todos somos asistentes a una sesión del CDA (Centro de Despechados Anónimos).

Freddy, el anfitrión/presentador/terapeuta, instala las reglas del juego y nos pone a cantar el himno de este Centro que es a veces una especie de AA, otras una iglesia evangélica, otras una suerte de Doctora Polo o Laura en América. Tanto es así, que el primer testimonio sale de lo que parece ser una fulana más del público, pero que en realidad es una de las actrices, Luisa Acuña, que tiene la dura labor de imponer el tono de los monólogos y lo hace con creces.

Lo mismo ocurre con el resto de monólogos y fracasos amorosos hilarantes que gracias a la dirección de su dramaturga y del gran payaso Mario Escobar, estas confesiones en tono de farsa se llena de gags cómicos, giros y tonos, como el monólogo de Paola Barrera, que interpreta a una llanera despechada con un color más melancólico. En el cierre, Alejandra Borrero, cuenta con brutal honestidad su propio despecho en un gesto de autoficción que resultaba muy emotivo por el lugar desde el que se enuncia el discurso. Pero, en realidad, no solo los personajes y el elencazo que tienen se exponen, en realidad todos estamos desnudos en la ridiculez de la tusa. Nada como burlarse de la propia miserableza a partir de la miseria ajena.

Otelo / Teatro R101 / Dirección de Hernando Parra

Este Otelo me dio celos. Celos de no ser parte. Con el ánimo de llegarle al gran público, el emblemático Teatro R101 hace esta versión caribeña que toma unos riesgos muy atractivos: partir de que Otelo no es solo una tragedia, como fue encasillada, sino una tragicomedia + atravesarla con el relato personal del actor, Ramsés Ramos, que despliega todo su repertorio de muchos años de carrera audiovisual y teatral.

El virtuosismo de Ramsés con el manejo del texto es un espectáculo en sí mismo, el tipo interpreta once personajes, cambia de registro, de época, de personaje, de velocidad, de acento, de género, en un parpadeo como si le espicharan un botón. Pero lo poderoso de su puesta en escena, ideada por Mateo Rueda, usual diseñador de producción del R y por su director, Hernando Parra, es que justamente no se queda solo en un show de habilidades actorales, sino que está potenciado por una apuesta que mezcla felizmente el teatro de objetos con el stand up comedy y el monólogo teatral.

Esta historia “goti tropi Caribe”, que debió ver mucha más gente, hace un Shakespeare interactivo, en el que el público hace de barco, de tormenta o de interlocutor. Por ejemplo, a mí, que estaba en primera fila, me preguntaron si me habían puesto cachos y cuál era mi relación con los celos en frente de cientos de personas (entre ellos mi ex pareja). También lo mezclan con un relato personal del actor que permite entrar en la coyuntura central de la obra: el feminicidio. La obra hace que podamos hablar de cómo el mal querer y la posesividad masculina deriva en esa tragedia tan repudiable como evitable. Todo ello, además, al son de vallenatos, que encajan con sabrosura e ironía con el relato.

Cádaver exquisito / Teatro Temporal / Dirección de Pedro Miguel Rozo

Cuando entramos a ver por primera vez Cadáver exquisito y solo vimos un escritorio y un hombre abanicándose la cara, nos dejamos engañar por su aparentemente simple puesta en escena. No sabíamos que pronto íbamos a estar ineludiblemente atrapados por una obra con una coherencia mordaz, como cuando alguna vez nos explotaron la humanidad con la siguiente  frase cercenadora: “Me es más fácil imaginar el fin del la humanidad al fin del capitalismo”. Esa frase muchas atribuida al critico literario Fedric Jameson y otras al acaparador de conceptos Slavoj Žižek, nos dejo impávidos, nos sorprendimos tratando de refutarla con argumentos utópicos que más tenían que ver con el mundo que soñábamos que con el que habitamos. Y lo que pasa con Cádaver exquisito es que está plagada de frases y argumentos como esas, ricos para el drama, porque cada tesis de la obra genera debate, fricción, conflicto. Cadáver exquisito narra los últimos días del fotógrafo y premio Pulitzer, Kevin Carter, su decadencia moral ante la presión de los observadores de su fotografía (sí, la del buitre frente al niño en Sudán.) que lo llevó a quitarse al vida.

Lo primero que destacamos de esta obra es sin duda el tema y la estructura dramática. En la dramaturgia nacional no es frecuente ver este tipo de narrativas, de preguntas que hablan de Sudán, Sudáfrica, Inglaterra, Europa, pero que en la dramaturgia de Pedro Miguel se vuelven tan universales como Hamlet de Shakespeare. La estructura de la obra, una suerte de monólogo polifónico, en el que, (por estas cosas vamos al teatro), habla el buitre, el fotógrafo y el niño, son puntos de vista de todos los involucrados en la foto, y por supuesto, también el del autor.

Casi que es un deber ir a ver a Pedro Miguel y su Teatro Temporal porque uno sabe que encontrará historias únicas, temas álgidos, mordaces y originales y esa es una píldora que le viene bien a la dramaturgia nacional. La puesta en escena de la obra es performática y hace inteligentemente partícipe al espectador, lo vuelve dramaturgia de la escena. Todo el tiempo, el espectador se siente parte incómodamente, como si estuviéramos dentro de una selfie en la que no se quiere salir, o alguien está grabando sin premiso un momento en el que uno se siente vulnerable o no, preparado para salir en cámara o un live de redes sociales. Todo suena a modernidad porque aunque la obra trascurra en 1993 y algunos años atrás y otros adelante, la pieza se siente en presente.

Pedro usa muy bien los recursos multimedia para hacer avanzar la trama, para crear metáforas, para componer, para construir y destruir espacios e imaginarios colectivos. Una maravilla. Y lo mejor, a mi parecer, es que Pedro Miguel, su autor la actua, porque creo que al ponerse él en escena y todos los elementos que componen la pieza con su presencia, toman un relieve particular, como cuando Marina Abramovic ejecuta sus performance.

Cadáver exquisito desde su título es una obra exquisita. Un manifiesto. Una elegía. Y una caja de preguntas sin respuesta, con un humor también exquisito y una experiencia teatral como pocas en el país. Nuestra favorita de los últimos años.

25 cosas / Teatro Petra / Dirección de Fabio Rubiano

Sería propicio decir 25 razones por las que esta pieza esta entre nuestras favoritas del año, pero no tengo la buena memoria de su protagonista Elián Farías (Marcela Valencia). 25 Cosas cuenta la historia fragmentada de Elián Farías una prestigiosa escritora de ultra derecha que al perder la memoria tras un extraño y conveniente accidente cambia su postura política y ahora se convierte en una prestigiosa escritora progresista. Durante el proceso, su familia, (realmente es solo su esposo, interpretado por Julián Román), una doctora (Liliana Escobar) un hermano mantenido, que nunca se ha ido de la casa (Jacques Toukhmanian), luchan por hacerle recordar quién era. Creemos esa era la sinopsis, la botamos de memoria. Si tiene imprecisiones, es culpa de nuestra memoria, que como toda memoria, es mayormente ficción (tesis que dialoga con la obra).

25 cosas juega divertidamente con el público, lo hace parte de la dramaturgia; hay 25 cosas regadas en la cuarta pared, que se van revelando durante la obra para hacer que su protagonista recuerde quién era. La puesta en escena es precisa, del Petra siempre nos ha gustado que los montajes se ven elaborados, las obras se ven bellas y pensadas, ostentosas, incluso en las que son sobrias y minimalistas, como Yo no estoy loca. De 25 cosas celebrarnos la aventura del Petra en hacer abiertamente una comedia (con cosas), que no deja atrás preguntas políticas y sociales desde el lenguaje.

La obra tiene una estructura dramatúrgica que juega con la memoria, la usa a favor y en contra de los personajes, tal cual funciona la memoria en la vida. O como los narradores poco fiables en la literatura. 25 cosas es una obra arriesgada y fuera del cánon, y celebramos que piezas como esta tengan espacio y éxito, porque creemos que son este tipo narrativas las que crean nuevos imaginarios en el público y abren camino a que nuevas propuestas, temas y preguntas tengan un espacio en el teatro actual. Es una comedia ligera pero con peso.

Goodbye / Círcula Colectivo e Improvisual Project / Dirección de David Moncada

Es la obra escrita por la polifacética y talentosa Alejandra Chamorro: actriz, escritora y productora que junto a Emmanuel Restrepo suelen celebrar los aniversarios de Círcula Colectivo con una creación. En La Casa de Atrás fuimos víctimas e hicimos un corto muy divertido el año pasado. En este caso, el experimento fue un totazo de fin de semestre. Esta comedia negra romántica, o así la nominamos nosotros, distópica y futurista, cuenta la historia de Ernesto Pérez (Emmanuel Restrepo), un trabajador cualquiera que quiere pagar por suicidarse en una clínica de suicidio asistido llamada, Goodbye. Mientras realiza el trámite burocrático que hace su vida más miserable, conoce a Viviana (Alejandra Chamorro), una funcionaria que entre trabas e impedimentos se enamora de su cliente, para luego salvarlo de la mejor manera: dejándolo morir en paz.

Hace mucho no veíamos una obra que conectará tanto con el público, quien entre risas iba entrando al llanto. Creemos que también tiene que ver con la apuesta de Círcula Colectivo en coproducción con Improvisual Project, dirigida por David Moncada y producida por María Paula Franky y un grupo de teatristas muy talentosos, que se unieron para hablar sobre la depresión y el suicidio, sin puntos moralistas o maniqueos. Goodbye es un bello baile entre hacedores y público. En un proyecto que, como se lo hemos dicho a su dramaturga, le pronosticamos un futuro muy exitoso dentro y fuera del teatro.

Puto y mexicano / Circuito Liquen y Teatro Colón / Dirección de Saeed Pezheski

Es una lástima que creadores como Saeed hayan dejado el país, dado su enorme aporte a las narrativas disruptivas, paisajes escénicos, dramaturgias experimentales en Bogotá. Justamente su última creación tuvo un primer germen, más de pequeño formato, hace algunos años en La maldita vanidad, su epicentro de creación. Sin embargo, fue este año en coproducción con el Teatro Colón, y en el Delia Zapata, que decidió expandir esa metáfora sobre el derrumbe y la violencia de una manera épica y barroca. Esto en un sentido literal, pues, tanto el diseño de escenografía e iluminación proponen esta estética que armoniza bellamente con el propio teatro y su estética neoclásica.

Este barroco es, sin embargo, moderno, recuerda de alguna manera el preciosismo de Paolo Sorrentino que suele mezclar en su cine cantos gregorianos o el Vaticano y sus lujos con canciones pop. Aquí la Filarmónica de Bogotá, presentes en la función que asistí interpretan potentes canciones de repertorio clásico, así como una variante de mariachis. Metería en la ecuación barroca al diseño de vestuario, sin embargo, es imposible, porque sus bailarinxs creadorx están absolutamente al desnudo toda la pieza. Pero, más allá del chiste malo, esta desnudez del espectáculo no la había visto antes en Bogotá con esa elegancia y sentido poético. Se dejan la piel en el escenario, desde la diversidad de sus cuerpos, para hablar de sexo, de abuso, de amor, de ternura. Todo desde el paisaje escénico, desde la pintura teatral en claroscuro.

Días Azules en la ciudad Roja / A ver Teatro / Dirección de Samuel Lazcano

Este valiente grupo de Barrancabermeja, al que tuvimos el privilegio de visitar en noviembre del año pasado, visitó Bogotá en octubre de este presente año. Solo la hazaña de haber venido, siendo el primer grupo de Barrancabermeja en presentarse en el legendario Teatro La Candelaria sería suficiente. No obstante, ver a este grupo, (comandados por Samuel y Paula que literalmente se han hechado este proyecto al hombro) dejando la piel en escena, apasionados por el teatro, por el quehacer teatral renueva cualquier duda sobre el porqué y para qué se hace teatro.

La obra es un viaje histórico a los años 40, con una mirada particular por la Ciudad roja (Barranca) durante los días póstumos al Bogotazo. Está compuesta por medio de una Creación colectiva que recuerda y homenajea al mismo tiempo al Teatro La Candelaria en el que se presentó, sobre todo en su emblemática Guadalupe años sin cuenta.  El montaje está lleno de vida y de actores apasionados que logra unas imágenes y momentos muy potentes y poéticos como el bombillo rojo que es la radio, la barricada del pueblo, o la escena en la que están haciendo explosivos con unos palos y pitas. Una bella experiencia que ojalá, ya sea con este, o con otros montajes de esta compañía, podamos volver a tenerlos pronto o con más frecuencia en Bogotá para Ver Teatro.

Bonustrack: Diciembre, Esquina Berlín, ¿Quién es Margarita León?, El Dictado, Cuando mayo no sea mayo.


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