Alejandra Achury: Esto-vi en 2022

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Actriz y bailarina especializada en danzas árabes, y Licenciada en Educación Artística de la Universidad Distrital. Actualmente es integrante de su agrupación La Clepsidra Teatro, donde desarrolla procesos en teatro calle, zancos y danza teatro; y del Grupo artístico institucional Teatro UD (Universidad Distrital). Como bailarina hace parte del ballet Raks Sharom. Ha participado en numerosos festivales artísticos a nivel distrital, nacional e internacional en los últimos 8 años.

Dentro de la amplia oferta del teatro de la ciudad, estoy segura que veo apenas un porcentaje mínimo. Mucho de lo que quiero ver queda en el anhelo para una próxima temporada, en los comentarios de amigos que provocan salir a encontrarse con el tiempo y el dinero para la boleta, en un cruce armonioso, que espero añadir después a esta biblioteca teatral.

Hay teatros escondidos que se van encontrando en el abrazo de la noche, y otros muy reconocidos que aún no llego a conocer. El teatro citadino es combatir las llegadas tarde, salir al transporte solitario para atravesar la ciudad con la obra en la mente, y la maleta bien agarrada pensando en las historias que emergen en una sala; historias que se siguen recreando en el camino a casa, donde uno piensa en el: «Qué tal si…», o a veces: «¿Cómo hubiera hecho yo ese personaje?». Incluso se piensa en la sala «¿Qué luces están colgadas de esa cercha?» y está también ese momento en blanco, donde uno sale extasiado de no haber pensado nada, de sentirse de público tanto como en escena: aquí y ahora, siendo uno con el teatro. Siempre está el después, el análisis, el querer entender (en la terquedad de público de saberlo todo), el poder conservar una imagen o aún más efímero: una sensación, de esas que nacen y mueren cuando se ve la escena, pero que luego no se recuerdan.

Acá compilo algunas de las obras que vi y resuenan en mí a lo largo del año, no puedo clasificarlas en un ranking, ni siquiera en orden cronológico, no hay obra que genere lo mismo aunque tenga sus similitudes. Pero menciono algunas que escarban en mi sentir, cuál sea que crezca, están ahí en la memoria:

Adentro… Gastom y Mandí / Casa del silencio / Dirección: Juan Carlos Agudelo

Como su mismo lenguaje: es inefable la sensación de ver Adentro. La cotidianidad e intimidad que se nos muestra adentro de la casa de Gastom y Mandí es conmovedora, la precisión técnica de la Casa del silencio es el acompañamiento perfecto a estas máscaras, que toman vida en una pareja de ancianos llevados por el tedio, quizás no tan viejos, pero tan opuestos, que con la sutileza del silencio crean imágenes potentes y llenas de nobleza. La poesía visual de la Casa del silencio lleva lo mínimo a lo profundo, simplezas que en mi caso evocaban a mi padre: desarmando con el ruido la armonía de una casa, con el desorden de herramientas y el oficio de un Gastom, que desenlaza en una trascendencia mágica de los personajes. Esto, de la mano de la música que potencia y deja espacio para el susurro de los pensamientos. Entraría a esta casa nuevamente muchas veces.

Kuma, la otra sirenita / Cria Espiritrompa / Dirección: Ximena Argotti

Agradezco poder darme la oportunidad de disfrutar del teatro infantil, de dejarme permear por la magia de los títeres. Espiritrompa presenta una obra para niños y adultos, lejos de infantilizar el mensaje, recreando la historia de La sirenita y dando el punto de giro hacia una transformación poderosa. Kuma tiene el equilibrio entre el humor y la ternura, vi adultos en el público conmovidos, llorando, quizás porque también se daban la oportunidad de escuchar junto a sus hijos un recordatorio al amor propio, y dejar de romantizar ciertas historias con las que hemos crecido. En Kuma estuve inmersa como una niña, en un universo acuático que a cada instante me mostraba tanto visualmente: títeres de agua, teatro de sombras, animación de objetos, actores que se distanciaban y volvían entre luces de fantasía a ambientar el canto de esta sirena. Aplaudo su magia, aplaudo su modo de sorprenderme y dejarme sorprender.

El interrogatorio / Teatro Petra / Dirección: Fabio Rubiano

Debo declararme fan de Petra y de las dramaturgias tan detalladas de Fabio Rubiano, ninguna palabra pretensiosa para narrarlos. El interrogatorio llega como una brisa ligera, cargada de humor negro y de una historia misteriosa que solo se puede ver, empalmada con la exactitud y precisión que destacan a Petra. Los diálogos, miradas y acciones entre la actriz y el comisario son tan exactos como un juego de ping pong donde nada queda suelto. Es extremadamente fresca y ágil de ver, llevando las ansías de un público que desea resolver el caso. Impecables como siempre.

Sizigia / Púrpura Creactivo / Dirección: William Guevara Quiroz

Siguiendo mi gusto personal por los diálogos ágiles y picados, por aquellos que corren sin titubear por los labios de los personajes, tan inmersos en ellos como un pensamiento ancestral, está Sizigia. En sinergia con los silencios, con un ambiente enigmático que no necesita más que una balsa iluminada por una luz tenue, y un vaivén natural en el movimiento de los actores, que nos ponen de inmediato en el elemento agua, a mitad del mar esperando el eclipse. Con esta palabra maravillosa: sizigia, se alinea el sol y la luna, lo masculino y lo femenino, los polos estratificados y los anhelos de estos dos personajes que no tienen más a donde ir, sino los escasos pasos de madera que los separan, en su crisis ontológica. El desenlace inadvertido y ficcional nos sumerge en la fantasía de un mar rojo, bañado por la luz de una luna eclipsada. Sin duda, mi atención fue llevada por una corriente inesperada.

Historia de una oveja / Teatro Petra / Dirección: Fabio Rubiano

Los microrelatos que acompañan la historia de nuestro país, dan vida a los universos creados en Petra, son el engranaje a despertar las voces de esos personajes silentes que con su palabra, tejen el hilo conductor. Nuevamente aciertan en la versatilidad de ir del humor al drama, al acompañar la vida de Berené la oveja, en el camino errante del desplazamiento y la violencia, los inmigrantes y el desarraigo. La oveja, un personaje tierno y honesto, vuelve y conmueve a un público que también se cansa de caminar, y que entre estos personajes desconocidos, y con aparente relación inconexa, ve revelada las historias de muchos, de un país, de otros incluso, del exilio. Petra hace nacer nuevamente la pluralidad semiótica de su obra. Una producción destacada en diseño de arte, no hay reseña que valga para expresar el aplauso final.

Magdalenas, las mujeres y el río / Magdalenas colectivo artístico / Dirección: Paola Muñoz

La primera imagen, atrapó mi suspiro: la mujer que es el río. Magdalenas, muy visual y dinámica. Entre la danza y el teatro, estas mujeres traen las historias del río, historias tantas veces contadas y de tantas maneras, pero tantas veces vigentes, como si siguieran llegando voces a ser recogidas en su orilla. Cuerpos en movimiento que hablaban bajo las telas, bajo los sombreros, bajo las atarrayas que confunden peces, bailarinas y muerte ¿Cuántas historias siguen saliendo a flote esperando ser relatadas? Deseo resaltar esta agrupación joven de Barrancabermeja que nos regaló un pedazo del Magdalena en la ciudad, porque en lo infinito del teatro se descubren las nuevas creaciones, caras e ideas que siguen inspirando a narrar un país a través del arte.

Oh Onírico / Dirección: Valentina Linares

Finalmente, resalto el circo. Este breve número que en pocos minutos nos adentra a esta agua tan presente en esta compilación teatral. Oh Onírico nos ingresa a un mundo fantasioso, pero tan real como la misma destreza de su intérprete en la lira. Juega entre el humor, un personaje sutilmente clown, y una atmósfera cotidiana para encontrarse con su elemento onírico: la lira, que parece ser un pretexto para la dramaturgia, pero realmente es el portal que nos pone a soñar con lo que el personaje logra mediante el circo. El sueño se vuelve real, o el mundo onírico es nuestra realidad, gracias a una técnica impecable que parece tan irreal a los ojos del espectador.

Hay mucho por destacar, los espacios no convencionales abiertos y cerrados que se llenan de vida para acoger el teatro. Exponentes del teatro calle como La profecía del frailejón del Teatro La Huella, que pone toda la habilidad de sus actores en personajes divertidos que mediante el teatro físico enternecen al público. Solo me acuerdo de eso de La Congregación Teatro, que trae de la cruda realidad la vida de Dylan, a la cual es imposible mantenerse indiferente, no conmoverse colectivamente; doy un final prematuro a la obra y me quedo con eso, como con un recuerdo flotante de la vida, de exaltarla. Y por ello, nunca está de más resaltar Labio de liebre del Teatro Petra, que una y otra vez se mantiene vigente, en ese perdón o venganza, y año tras año al verla sigue moviendo mis fibras de la risa al llanto, en este tan variado teatro capitalino.

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