Carolina Rueda: Esto-vi en 2016

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Cuentera. Literata y tallerista en narración oral. Gestora y programadora de acciones para visibilizar y circular la narración oral nacional e internacionalmente.

El teatro para mí es muy raro. Amor y odio. Cuando lo veo bien hecho lo disfruto con la sensación de niño pequeño en parque de diversiones: puedes con todo y conservas la pequeñez, la confianza; cuando lo odio es con la misma pasión. En otras artes puedo abandonar la obra, dejarla pasar, despotricar un poco, si,  pero finalmente el olvido como rasero lo resuelve. Sin embargo, cuando odio el teatro lo recuerdo con rencor, me parece una afrenta, un atentado, un crimen; desata en mi la fiereza del animal amenazado de muerte, porque cuando el teatro es malo, mata. Roba tiempo, el tiempo pesa como plomo, se desata en el interior un desespero por terminar aquello, por romper esa energía que en lugar de llevarme a disfrutar sin tiempo, me hace sentir su paso como el acecho de la muerte.

Este año me propuse ver el teatro de la ciudad, me quedé cortísima porque si algo tiene maravilloso actualmente Bogotá es que el teatro crece en varios formatos,  se propaga como las ondas de agua en una laguna enorme; trabajos de compañía pequeña, con y sin sala, salas sin grupo pero con programación alternativa, jóvenes productores, soñadores;  toda una generación viajera que  en los treinta y cuarenta genera un movimiento que captura públicos y practica técnicas creativas contemporáneas. Al mismo tiempo la generación de los grupos maduros, realiza una siembra y consolidación de los espacios para el gremio, afincados en su existencia y pertinencia estética y cultural; y  así mismo,  exploran su posibilidad como recurso de tejido social  y  aporte a la transformación ciudadana en una cultura de paz. El medio teatral en Bogotá se siente próspero, eso no quiere decir fácil,  tiene pálpito, vigor. Dentro de ese  latir sin embargo hay cosas que me resultan parte de lo que odio del teatro también cuando lo odio no por su producción sino por su operación; pero en este muro generoso de  Kiosko se trata de hablar bien lo que ya indica un paso innovador en nuestra palestra de críticos y  programadores tan llena de genios y maestros venenosos, ponzoñosos y  mediocres.

Llegada a la hora de la lista y con la búsqueda de las semillas recogidas a lo largo del año, son ocho obras de las que puedo decir cosas por lo menos con la luz chispeante de algo que brilló en la memoria, en el cuerpo o en el corazón. La memoria nos traiciona, la modificamos según nos aporta para vivir e injustamente dejé dos o veinte obras en silencio, pero también es lo que pude decir sin repetirme.

Dicen que no vemos las cosas como son sino como somos, este texto será subjetivo y  tendencioso; sin reflexión fría y tranquilizadora, surge desde los bichos que estas obras dejaron en mí, para complicarme la vida con nuestro encuentro. Por eso, cuando amo el teatro termino llena de cositas que vibran dentro como el ronroneo de gatos que acompañan hasta los momentos más oscuros.

Estas semillas rememoro, escucho en rumor dentro aún, quedaron como nuevos terrenos para explorar, para pasear, una especie de paisajes nuevos en mi geografía interior.

1. Los cinco entierros de Pessoa: Teatro Tierra / Director: Juan Carlos Moyano

Buscar el teatro con frenesí  es esperar el milagro. Entras a que te pasen cosas. Cuentas con que eso que te pase, descubra, evidencie, acompañe,  acaricie o hiera, un territorio espiritual que, con el milagro, afrontamos en colectivo. La forma de hacerle cosas al público es lo que diferencia los teatros y grupos, los gustos, el tipo de relación con lo sensible que tienen tanto los autores como sus  espectadores.

A mí me gusta ir al teatro a disfrutar el  misterio. En general escojo esas obras que sospecho me permitirán abordarlo con el amparo de la manada; el Teatro Tierra y la mano de Juan Carlos Moyano como director, saben cómo acercarme a lo innombrable; llevarme en compañía de la manada por el recorrido que propongan;  proponen poesía y cuando el teatro es poesía, es pura aventura del espíritu en riscos. La propuesta me mantuvo en vilo en el borde de la silla, pero no a la manera agitada de los thriller sino de hilos delicados, un zoom a las telarañas de tus hondos rincones; la sorpresa, el desconcierto, esa palabra muda para describir algo, esa urgencia por la palabra inexistente para atrapar  la experiencia.  Una excelente puesta, una excelente manera de hacer el oficio, un teatro, de los del Teatro.

2. La piedra oscura: Exilia2 teatro / Director: Víctor Quesada

Dos muchachos en escena con la delicadeza de los buenos actores, una sala pequeñita, íntima, un texto bellamente afiligranado conducido con naturalidad; algo de ambición en esa puesta simple y  delicada, en los dos actores y su director presentando su versión de una escena muy vista -la del condenado y su  guardián- la última posibilidad  del milagro, en el horror; cuando la obra empieza, impone certera  -en el monólogo inicial – un agujero de gusano que nos traslada sin saber cómo, a la  habitación. Temes moverte para no quebrar a aquellos hombres pequeñitos que nos cuentan la dignidad y la injusticia. Lo bordan. En un momento los dos muchachos parecen una representación de una misma; hablan de regresar del olvido, de merecer la memoria, dándole a la persona única, irrepetible, la condición humana del corazón que merece una experiencia, más amplia y larga de vivir. Con un hilo y una dirección finos, con una seriedad en el actuar y el componer, que nos permite sentir cuando pasa la vida.

3. El siciliano o El amor pintor: LABodega Teatro / Director: Juan Manuel Combariza

Construir teatro de convención en tiempos tumultuosos, resulta ya en si una propuesta arriesgada; sobre todo porque en la modernidad, la postura del creador es la del destructor. El rebelde se puso de moda y el afán de ir en contra de todo, ensordece. En el mundo de la Comedia del arte, señores y sirvientes, los de arriba y los de abajo cuentan un mundo de picardías y supervivencia, comer y follar, temas básicos, urgencias, que la modernidad considera distantes. LABodega logra recrear con alegría y técnica una obra sencilla y precisa: tres en escena -dos actores y una actriz- que se yerguen con versatilidad y juego en una alfombrita que es la puerta de todos los juegos, recurso brillante que hace el terreno de la maravilla tan visible y tan  juguetón como metáfora de su misma técnica. El ritmo de los actores tiene un decir contemporáneo, sarcástico, resignificado con discreción y claridad, sin pretensiones, sin perder su intrínseco juego, sin pretender la perfección; con la Comedia se aprende que la perfección y el virtuosismo amenazan los alertas del actor. Tal vez de allí venga la sensación de decadencia posterior. La actualidad observa la tradición como  un museo de recursos muertos y “superados” y justo aparece este trabajo, limpio, sencillo, juguetón y derrumba el escepticismo; este montaje provoca ganas de saber y de ver más y eso en cuanto a lo que es teatro, me parece un disfrute; como un caramelito sabio sorpresivo en una técnica que nos abre una puerta mágica y actual.

4. De peinetas que hablan y otras rarezas: Umbral Teatro / Directora: Carolina Vivas

Un espectáculo raro, donde la luz, el movimiento y los planos reaparecen en el estilo de Umbral, a lo Rulfo; la dirección y poética del grupo, atraviesa los campos de vida y muerte, apuesta siempre a que el pasaporte es la luz o su ausencia. El cuerpo al pasar por lo claro y oscuro puede  ser castigado o redimido, Umbral en el filo del horror y de la grandeza, manifiesta en estas rarezas sus preguntas de cómo y para qué vivir, en medio de tanta siembra de muertos. Presos de un limbo, que saca a flote hechos del  paso de la historia, apelan en el espectador con la pregunta sobre sus propios perseguidos y adoloridos; te instala la realidad adentro con la violencia que se manifiesta afuera. El nombre del grupo y su poética se ponen en el umbral: muestran personajes en el filo dela navaja, en su calidad de seres enormes, dignos y también su posibilidad de abismo. Una escultura evanescente, un alarido de tristeza y horror, una procesión que reclama la escucha.

5. Bizarro: Púrpura Creactivo / Director: William Guevara Quiroz

Un espectáculo que se graba en la memoria desde su quietud e iluminación estática, que logra penetrar en el espectador a la manera de un espiral extraño. Con Bizarro la voluntad de esconder el qué decir es la mirada que nos conducirá. Es un discurso sordo que reporta más el estar hundiéndose que el afán de evitarlo. La estética tanto en esta obra como en Sonrisa de Piraña marca un tono, un universo propio que habla sobre la rareza del mundo desde de la naturalidad.  El teatro de Púrpura Creactivo evidencia la naturaleza y naturalidad extraña del mundo, quiere como el cuento de Lovecraft, revelar lo que se mueve entre las cosas, invisible motor del mundo y sus relaciones. Sacar a flote el destino del que solo tenemos vislumbres desde ese mundo brumoso para mirar lo conocido. Bizarro se mueve en el mundo del entresueño, se instala en tu memoria y crece como una imagen del propio inconsciente incomprensible, un poco amenazante en su rareza. Muestra que lo desconocido nos asusta, pero que realmente se trata del encuentro de fragilidades que desnudan, lo desconocido asusta, pero sentimos que amenaza.

6. El problema el mal: Adela Donadio, Rosario Jaramillo, Brunilda Zapata y Carlos Mariño / Directora: Adela Donadio

Es habitual encontrar voceros cobardes que se apoyan en el estribo de los valientes para realizar maromas de falso peligro. El problema del mal es un trabajo valiente de verdad, busca lo dramático en un texto filosófico y consigue que tanto los actores como los espectadores desarrollemos un ejercicio cómplice de exploración con el absurdo como arma de defensa personal; construimos a medias un mundo con pretensiones lógicas, del cual alcanzamos a ver los bordes del papel de colgadura, descubrimos la entelequia porque aparece una rajadura en la realidad. Sin embargo, el cruce  de planos, nos apela de manera natural, cómoda y reveladora. La historia sin hechos por  su condición de entelequia, consigue de nosotros a través de la representación y la enunciación, una pregunta o varias. Este trabajo aparentemente ubicado en el mundo de las ideas nos propone  secretamente el paso a la acción. La acción como única salida para hacerlas sólidas. Vívidas. Grávidas;  palabras esdrújulas como su desarrollo argumental. En un acto kamikaze las ideas se lanzan al abismo a través de estas voces que se mueven por el tiempo intentando repetirlo a ver si  se hacen tangibles. Aquí se realiza la pregunta situándonos en un mundo sin asideros, se nutre de la verosimilitud más que de la verdad. En esta obra, transitamos el teatro que se propone como discurso y desde el discurso acaricia con emociones las ideas, llenándolas de vida, tan válidas y tangibles como los tomates o la arquitectura. Pienso que está bien un teatro que te acaricia las ideas, otro juego.

7. Camilo: Teatro La Candelaria / Directora: Patricia Ariza

El relato documental  como forma creativa persigue un ejercicio además de sensible, reflexivo del hecho que se cuenta. Camilo como creación colectiva, me recordó al TEC de los ochenta en que crecí y  por supuesto La Candelaria aquí y cuando visitó aquella sala en un par de ocasiones. La experiencia colectiva en una bicha urbana como yo, ocurre en contadas ocasiones, requieres espacio y tiempo, un proceso ritual que te desarme la individualidad. La estructura coral, clásica de La Candelaria, mantiene un motivo narrativo, cumple una función apelativa. Es una voz múltiple, que se llena de cualquier espíritu, del necesario, atraviesa sus montajes y contrasta; mira la realidad con distancia de lo ocurrido y a la vez subjetiva y tendenciosa, juguetona y altanera, para multiplicar  la emoción. Camilo es una muestra de los 50 años de La Candelaria y del país, en esta forma documental.  Es una búsqueda estética que visibiliza la condición de injusticia; también, con la estructura móvil, con los escenarios casi desnudos, con la música, retrata el momento estático, el fracaso. Sin embargo no es un teatro de la desesperanza, el movimiento se repite en busca de la puerta de salida de ese hechizo de tiempo que lo apresa. La presentación de un viacrucis que no tiene fin, que se enlaza saltando por el tiempo y los personajes; nos cuenta, nos reporta como resumen de la batalla que cada uno es susceptible de caer en su guerra, ente voraz, que siempre atrapa con sus fuerzas centrípeta y centrífuga el sitio donde se instala.

8. Rebú: Teatro del embuste / Director: Matías Maldonado

Un espectáculo de teatro al estilo del conflicto familiar norteamericano. Textos cargados de sentido a punto de explotar, pero al ser brasilero el dramaturgo, está lleno de  intensidad que llamaré tropical. Una red de conflictos extraños que apuntan a un mundo cargado con el desconsuelo de los tiempos; nuevos modelos de la perversión: nuevos colores y crisis. Actores que cumplen la aventura y aunque el nivel aún no es parejo nos encontramos con una solidez actoral que se agradece.  A nivel argumental y de perplejidad captura al espectador, en un juego moderno donde no se trata ya de romper la cuarta pared que está rota, sino de tocar al espectador con un lazo que lo amarre a la historia. La obra nos convierte en una especie de hotel de realidades paralelas, la imagen y su multiplicación nos revela el espacio onírico, el corredor de los espejos, el sueño infinito donde se diluye lo real.

One Response to Carolina Rueda: Esto-vi en 2016

  1. Ángela Echeverry dice:

    Carolina abordó su tarea con gran compromiso y generosidad, siendo igualmente ecuánime y creativa en su mirada. Excelente reseña!

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