La Siempreviva conmemora

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En el centro del centro del país, 35 guerrilleros del M-19 se tomaron el Palacio de Justicia para exigir el cumplimiento de los acuerdos de paz de Corinto, Hobo y Medellín, celebrados entre el Gobierno Nacional y las guerrillas Movimiento 19 de abril – M-19 y Ejército Popular de Liberación – EPL, los cuales fueron firmados en 1984 en Corinto (Cauca), Hobo (Huila) y Medellín (Antioquia). Allí se consignaba el compromiso de cese al fuego y la búsqueda de una salida política al Conflicto armado interno del país. Aquellas responsabilidades no se cumplieron y el miércoles 6 de noviembre de 1985, el M-19 las reclamó con la incursión al edificio en el que el Consejo de Estado desarrollaba sus funciones. Fueron 350 rehenes entre magistrados, consejeros de Estado, servidores judiciales, empleados y visitantes del Palacio de Justicia. Esta acción desencadenó una serie de fatalidades, que se llevó la vida de, entre 94 y 115 colombianos, número que atañe a fallecidos y desaparecidos.

Los 40 años que han sucedido aquel fatídico hecho han estado marcados de una u otra manera por aquel acontecimiento. Familiares y amigos de las víctimas llevan consigo cuatro decenios de dolor, ausencia, interrogantes, impunidad, heridas que han sido vistas desde diferentes ópticas, entre ellas el teatro.

Miguel Torres, tras una amplia, sentida y profunda investigación sobre lo ocurrido ese 6 y 7 de noviembre de 1985, logró plasmar en una creación dramatúrgica la manera como la ciudadanía vivió este episodio desde una cotidianidad atravesada por la violencia. En La Siempreviva la historia transcurre entre junio de 1985 y noviembre de 1986. El argumento no parte del hecho histórico, pero este “irrumpe” dentro de una historia que se desarrolla con situaciones, personajes y conflictos propios, dentro de una casa del barrio La Candelaria de Bogotá.

Inspirándose en el cuento La casa del libro Los oficios del hambre, escrito por el mismo Torres, el dramaturgo buscó pasar los grandes relatos de nuestra historia reciente por personajes que sintiéramos cerca. Para lograrlo, fueron dos años de una docena de versiones alimentadas por artículos periodísticos, libros, material de archivo, entrevistas, y de conversaciones con personajes como Ramón Jimeno, escritor del libro Noche de lobos sobre el mismo suceso, y Eduardo Umaña Mendoza, abogado de los familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia.

Gracias a este último, Miguel Torres se contactó con la familia Guarín. Su testimonio lo conmovió profundamente y convirtió a Cristina del Pilar Guarín Cortés —una de las mujeres desaparecidas del Palacio de Justicia— en el referente de la que sería la protagonista de su obra, Julieta Marín. Así, el director logró conectar su trabajo con la indignación de un país, con la necesidad instintiva de justicia y con la búsqueda por el esclarecimiento de la verdad. La Siempreviva inmortalizó a Cristina y a través de su figura el cruento drama de la desaparición forzada en Colombia.

La Siempreviva se estrenó en 1994, con la producción de Teatro El local y la dirección del mismo Miguel Torres, quien, para conmemorar un decenio más de este doloroso acontecimiento, trae de nuevo la obra, esta vez a la sala Delia Zapata del Centro Nacional de las Artes, del 1 al 9 de noviembre de 2025, en el marco de la conmemoración de los «40 años del Holocausto del Palacio de Justicia». Una acción sensible que invita a reflexionar sobre la justicia, la verdad y la dignidad de las víctimas.

La obra cuenta con gran parte de su elenco original entre quienes está Carmenza Gómez, Lorena López, Pablo Rubiano, Jenny Caballero y Eduardo Castro, en esta oportunidad acompañados en escena por Luis Miguel Hurtado y Miguel Torres.

Más información de la temporada y el link para la compra de boletas en el sitio eneldelia.gov.co.

 

 

 

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