Espectro: Un cuerpo que se resiste a desaparecer

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Colectivo: Teatro de Juan

Crítica: Ana María Cardozo Galvis – Semillero de Crítica Teatral, iniciativa vinculada a la asignatura Análisis del espectáculo, correspondiente al segundo semestre del programa de Artes Escénicas de la Facultad de Artes ASAB de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Espectro: un cuerpo que se resiste a desaparecer, de El hormiguero teatro, propone una reflexión sobre la ausencia, la memoria y la relación con el tiempo a partir de la muerte del padre de uno de los personajes. La obra construye su propuesta desde un lenguaje donde el cuerpo, el espacio, la luz, el sonido y la palabra permiten transitar entre diferentes momentos. Desde el inicio, los cuerpos de los intérpretes se encuentran sobre una caja de arena que delimita el espacio escénico y que posteriormente se transforma, haciendo que este elemento acompañe el recorrido de la obra.

La disposición escénica resulta significativa, ya que el público se ubica alrededor del cubo de arena. Esta organización rompe con una división frontal tradicional entre escenario y espectador y permite observar la acción desde diferentes puntos de vista. Al encontrarse rodeado por los espectadores, el espacio adquiere una dimensión cercana e íntima, pero la posición del público también determina qué puede y qué no puede observarse en cada momento. Ningún punto de vista parece contener necesariamente la totalidad de lo que sucede y cada espectador construye la experiencia desde el lugar que ocupa. La arena funciona así no solamente como escenografía, sino como el centro alrededor del cual se organiza el acontecimiento teatral.

Este espacio adquiere diferentes significados a medida que avanza la obra. Al comienzo, la arena está ocupada por los cuerpos de los intérpretes, mientras que hacia el final permanecen sobre ella prendas de ropa. El espacio pasa de estar habitado por cuerpos presentes a conservar únicamente sus rastros. La ropa puede percibirse entonces como una huella de aquello que estuvo allí, pero aparece también una contradicción: las prendas hacen presente el recuerdo de los cuerpos y, al mismo tiempo, hacen todavía más evidente que estos ya no están. La ausencia no se construye mediante el vacío absoluto, sino mediante aquello que permanece después de que alguien ha desaparecido.

El sonido funciona como un recurso capaz de modificar inmediatamente la atención del espectador. En uno de los momentos, un golpe sonoro particularmente fuerte produjo en mí una sensación de despertar y ruptura, haciendo que mi cuerpo reaccionara incluso antes de comprender completamente lo que estaba sucediendo. El sonido no solamente acompaña la acción: en este caso, la experiencia ocurre primero en el cuerpo y solo después puede ser comprendida o interpretada.

La iluminación también participa activamente en la construcción de estas presencias y ausencias. La obra juega con la oposición entre luz y oscuridad y utiliza estos cambios para revelar progresivamente aquello que permanece oculto. En un momento, todo el espacio queda oscuro y una lámpara suspendida ilumina el piso donde se encuentra la caja de arena. A medida que la lámpara se desplaza, revela diferentes partes de aquello que contiene el espacio. El espectador recibe la información de manera gradual y no puede observarlo todo al mismo tiempo. Esto permite preguntarse por la diferencia entre desaparecer y simplemente dejar de ser visible: algo puede permanecer allí aunque momentáneamente nuestros ojos no puedan encontrarlo.

El cuerpo de los actores funciona además como un recurso para construir imágenes y diferentes temporalidades. A través de acciones físicas y configuraciones corporales, la obra parece desplazarnos entre distintas épocas y momentos sin depender exclusivamente de cambios visibles de escenografía. Un ejemplo es la imagen construida con las manos para evocar el vientre materno. El cuerpo deja así de ser únicamente el medio por el cual se interpreta al personaje y se convierte también en un elemento capaz de representar espacios, recuerdos y situaciones que no están físicamente presentes.

Esta relación entre cuerpo y tiempo se hace especialmente evidente en el momento en que uno de los actores trota durante un periodo prolongado. El movimiento no se mantiene siempre a una misma velocidad, sino que aparecen variaciones que incluyen momentos cercanos al slow motion. La puesta puede alterar de esta manera la percepción del tiempo, acelerarlo o ralentizarlo, mientras que el cuerpo del actor experimenta otro tiempo que no puede detenerse: el del cansancio real. La respiración, el esfuerzo y el agotamiento aparecen progresivamente y dejan de ser solamente elementos representados. El público no observa únicamente a un personaje que interpreta el cansancio, sino un cuerpo que efectivamente se transforma a medida que transcurre la acción.

Esta imagen adquiere otra dimensión cuando la relación con el tiempo aparece también en la palabra. En algunos momentos, el personaje parece dirigirse directamente a la persona responsable de la muerte de su padre, aunque el discurso también puede entenderse como una conversación consigo mismo. Esta ambigüedad resulta interesante porque el personaje no solamente intenta confrontar a alguien, sino comprender qué siente frente a la pérdida. Cuando afirma que aquel día esa persona hizo que el tiempo de su padre se detuviera y que ambos nunca coincidieron en ese tiempo y espacio, la muerte aparece como una ruptura de la posibilidad de compartir un futuro.

El texto mantiene esta reflexión a través de contradicciones y preguntas que muestran la dificultad de elaborar el dolor. El personaje expresa su deseo de decir algo que no le haga daño ni a él ni al otro, habla de la posibilidad de perdonar y, al mismo tiempo, duda de que realmente haya sido herido por esa persona. Esta contradicción permite percibir un conflicto interno más complejo que una simple búsqueda de culpabilidad. El personaje parece encontrarse entre el deseo de confrontar, la necesidad de comprender y la posibilidad de liberarse de aquello que todavía permanece en él.  Pero esta última posibilidad abre también una pregunta: ¿liberarse significa conseguir que aquello desaparezca?

En conjunto, Espectro: un cuerpo que se resiste a desaparecer construye una experiencia donde la ausencia no se representa únicamente mediante la palabra, sino también mediante aquello que queda en el espacio. Los cuerpos sobre la arena y posteriormente las prendas de ropa, los juegos de luz y oscuridad, los desplazamientos temporales y el cansancio físico de los intérpretes construyen una relación entre memoria, tiempo y permanencia.

Tal vez por eso el espectro del título no tenga que ser entendido únicamente como el cuerpo de quien murió. También puede ser aquello que permanece en quien sigue vivo: una imagen, una pregunta, una prenda, un recuerdo o un tiempo que ya no podrá compartirse. La propuesta encuentra su fuerza precisamente en esa tensión entre lo que desaparece y aquello que se resiste a hacerlo.

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El proyecto Crítica teatral cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte mediante su Programa Distrital de Apoyos Concertados 2026.

 

 

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