Julieta & Romeo: Shakespeare y hip hop

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Colectivo: Lofa Lab

Críticos: Juan David Yaya Ayobi y Sirley Martínez Santos – Semillero de Crítica Teatral, iniciativa vinculada a la asignatura Análisis del espectáculo, correspondiente al segundo semestre del programa de Artes Escénicas de la Facultad de Artes ASAB de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

Lo urbano y Shakespeare

Anualmente, el Festival de Teatro y Circo nos convoca durante siete días a disfrutar de una programación enfocada en las artes escénicas y circenses. En este marco, el 15 de agosto de 2026, la agrupación Lofa Lab presentó Julieta & Romeo: Shakespeare y Hip Hop en La Media Torta. Con su consigna, “Shakespeare a nuestra manera”, la compañía nos advierte desde el comienzo lo que después veremos: no parece interesada en tratar el texto de Shakespeare como una pieza Isabelina, intocable, sino en apropiarse de él y preguntarse cómo podría contarse esta historia desde un lenguaje más contemporáneo.

Desde antes de comenzar la función, el espacio nos da algunas pistas. Cajas de madera pintadas de negro, dibujos que evocan el grafiti y, al fondo, una cabina de DJ con la parafernalia propia de un “toque”. El escenario pertenece al presente y, especialmente, a una cultura urbana que será mucho más que una decoración.

La obra comienza jugando precisamente con esa distancia. Primero aparece una versión solemne de la dramaturgia clásica: música, lenguaje ceremonioso y una manera de contar la conocida historia de los amantes de Verona que parece recordarnos cómo imaginamos que “debe” representarse un clásico. Pero esta solemnidad dura poco. Los demás actores irrumpen y rompen ese código. Desde ese momento entramos en el Shakespeare que propone Lofa Lab: humor, clown, hip hop, improvisación e interacción  permanente con el público. Es decir, un Shakespeare “a su manera”.

No es necesario exigir realismo ni coherencia sociológica a una obra de estas características. Podrían coexistir perfectamente distintos acentos, dialectos y registros si la propuesta construye un universo deliberadamente heterogéneo. El problema aparece cuando no alcanzamos a reconocer qué regla organiza esa heterogeneidad. Un procedimiento con el que la obra trae a Shakespeare al presente aparece en las formas de hablar de los personajes. Ya no estamos en Verona, al menos no lingüísticamente. Algunos personajes hablan desde un registro marcadamente bogotano, mientras otros utilizan acentos reconocibles como el paisa, el caleño, el santandereano… Y algunos, aunque pertenecen al mismo universo doméstico, no comparten el mismo registro. La mezcla produce comicidad y acerca inmediatamente los personajes a referentes reconocibles para el público colombiano, pero también deja una pregunta: ¿Qué organiza esta diversidad de hablas? A diferencia del freestyle, donde el lenguaje del hip hop encuentra una correspondencia clara con el duelo shakespeariano, aquí resulta más difícil reconocer la función dramatúrgica de cada dialecto.

Lofa Lab no pretende contar la obra completa. La adaptación, en la que solo son dos actrices, dos actores y un DJ quienes desarrollan todo, avanza rápidamente por algunos acontecimientos de la obra original y se detiene en aquellos que le permiten desarrollar su propio juego. A veces son los mismos actores quienes simplifican una situación, cuentan lo que Shakespeare escribió o hacen referencia a la manera en que el autor decidió construir determinado personaje. De esta manera no desaparece completamente el texto original: permanece detrás de la representación como algo que los actores conocen y con lo que pueden discutir. Como cuando Julieta pelea con el título de la obra para exigir que el nombre de ella se ponga primero.

Las canciones cumplen una función importante dentro de esta síntesis. No aparecen únicamente para recordarnos que estamos viendo una versión hip hop de Shakespeare. También permiten contar o completar acontecimientos de la obra original que no llegan a representarse como escenas. La palabra cantada, la rima y el cuerpo sustituyen entonces partes de la acción dramática. Esto hace que la adaptación pueda escoger dónde avanzar rápidamente y dónde detenerse.

Con un poco de vergüenza confesamos que no somos conocedores del rap ni de la cultura hip hop. Aunque, siendo habitantes de Bogotá, es casi imposible no encontrarse con algunas de sus expresiones en los grafitis, la música o los cuerpos que bailan en sus calles. Tal vez por eso uno de los momentos que más llama la atención es el enfrentamiento entre Mercucio y Teobaldo.

En Shakespeare, este duelo desencadena la tragedia. Mercucio muere, Romeo mata a Teobaldo y desde allí parece imposible detener el destino de los protagonistas. Lofa Lab conserva la confrontación, pero cambia las armas: el duelo se convierte en una batalla de freestyle. Los personajes se atacan mediante rimas y el público se transforma en jurado, decidiendo con sus aplausos y gritos quién ha vencido.

En el desenlace, el público participa nuevamente y los personajes abandonan el destino que conocemos. Mercucio puede revivir y Romeo y Julieta, en lugar de morir por amor, deciden conocerse mejor e ir a terapia individual antes de imaginar una vida juntos. La solución provoca risa porque traslada brutalmente a los personajes al presente. Pero detrás del chiste aparece una pregunta: ¿por qué seguimos entendiendo la muerte de dos adolescentes como una de las grandes demostraciones de amor de nuestra cultura? Romeo y Julieta ya no necesitan morir para demostrar que se aman. Desde una mirada contemporánea, sobrevivir, conocerse y aprender a relacionarse parece convertirse en un final más feliz que morir juntos.

Sin embargo, la decisión tiene un riesgo. Si Mercucio revive, los amantes sobreviven y las consecuencias pueden corregirse, desaparece también parte de la violencia que hace poderosa la tragedia de Shakespeare. La adaptación gana una lectura contemporánea sobre el amor, pero pierde algo de la irreversibilidad de las acciones de los personajes. Quizás allí esté una de las tensiones más interesantes de esta versión.

Julieta & Romeo no busca la solemnidad del teatro “serio” ni la elegancia del texto clásico, al menos como lo propone la obra original de la cual se basa: su apuesta va al cuerpo, el ritmo y el riesgo, para acercarse a la obra de Shakespeare. El hip hop aporta el cuerpo escénico en disputa, mientras, el clown aporta la verdad de la vulnerabilidad y la ruptura a la solemnidad, junto al cambio que proponen del final, siendo una solución dada por la conciencia contemporánea, sobre lo que creemos que es un final feliz. Acá Lofa Lab abre un debate: ¿Cómo abordar a los clásicos y presentarlos a las nuevas generaciones? Esto recuerda a un programa de televisión, 200 años Singapur, acá el primer ministro da una frase contundente, parafraseando: “los empleados en Singapur no tienen idea quien es Shakespeare. Pero, tienen un nivel de vida que les permite salir después del trabajo y disfrutar de un helado con su familia”. Esta crítica no es suficiente para abordar dicho debate, y no es su intención. Pero es pertinente preguntarnos por la importancia que estos textos siguen teniendo en el presente. De ahí el valor de que surjan nuevas interpretaciones y, más aún, de buscar formas de acercarlos a las nuevas generaciones. Quizás sea precisamente en estas nuevas maneras de contar los clásicos donde podamos despertar la curiosidad de otros públicos y mantener vivo su interés por el teatro, el arte y la cultura.

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