Un pez en la tierra bajo la lluvia

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas No hay valoraciones
Cargando...

.. Comments (0) • 11

Colectivo: Teatro de Juan

Crítico: Johan Casallas – Semillero de Crítica Teatral, iniciativa vinculada a la asignatura Análisis del espectáculo, correspondiente al segundo semestre del programa de Artes Escénicas de la Facultad de Artes ASAB de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas

“¿Qué más se necesita para que por fin se apague el espíritu que yace en este cuerpo?”

El 16 de agosto de 2026, a las 7:00 p. m., en la sala Agusto Boal del Teatro Experimental de Fontibón – TEF, se presentó, en el marco del XXI Festival de Teatro y Circo de Bogotá, el monólogo autoficcional Un pez en la tierra bajo la lluvia, de la compañía Teatro de Juan, interpretado, escrito y dirigido por Juan Manuel Hormaza Bejarano.

Abordar una creación que se inmiscuye en la intimidad de quien se expone en cuerpo y ser en un acto que pasa de la representación a la presencia invita, en el ejercicio de la crítica teatral, a ubicarse en un terreno de sensibilidad fértil que posee evidentes supuestos técnicos y estéticos dispuestos a cualquier juicio de valor (ojalá fundamentado), pero que deja otra parte que no puede medirse con opiniones, sino que atraviesa la humanidad de quien crea y quien recibe con afectación el gesto teatral.

Ocurre que este monólogo aborda, desde un ejercicio autoficcional, una parte de la vida de Juan Manuel, con el eje central en su homosexualidad, los diferentes acontecimientos en su vida desencadenados por este hecho y la relación con su mamá. La historia comienza con una infancia en la que este niño descubre su manera particular de habitar el mundo, los juicios de sus compañeros, el descubrimiento ameno de no ser el único gay en el mundo, los conflictos interpersonales, la enfermedad del VIH y la consecuente internación de Juan en un hospital. Allí se reencuentra con su madre, quien, pese al desconcierto y la distancia inicial ocasionados por la orientación sexual de su hijo, insiste en amarlo y recordarle: “sigo siendo tu mamá”. El final introduce una suerte de destino fatal para el personaje que, afortunadamente, se advierte como ficción: un posible desenlace de la historia que no es el que atravesó Juan, el actor sobre el escenario.

La puesta en escena propone un aforo totalmente blanco, con un armazón central en el que inicialmente aparece una imagen compuesta por el actor y diversas prendas de vestir. Este armazón va cambiando de forma a lo largo de la función de acuerdo con las necesidades representativas de la obra. El contraste entre el escenario blanco y la colorida vestimenta produce fondo y profundidad en la escena. El actor se permite también exponer la desnudez casi completa de su piel, efectuando movimientos coreográficos relacionados con la historia de vida que nos cuenta y que expanden los modos teatrales de narrarla. Sin embargo, en algunos momentos, estos gestos corporales parecen abrir posibilidades expresivas que no alcanzan a desarrollarse con la misma precisión que otros recursos de la puesta.

A lo largo de la representación, Juan comienza a habitar cada uno de los vestuarios con ingenio, bien sea en su ejercicio como manipulador de objetos —revelando una potencial existencia ausente en la ropa— o colocándose parcialmente algunos elementos sobre sí. Esta ilusión de la persona en el ropaje se potencia con su capacidad de alteración vocal, que permite ver en él no solamente al hombre que cuenta  la historia,  sino  también  a  su  madre,  sus amigos,  su  amante  y  otros personajes.  Así, un solo cuerpo se multiplica para reconstruir los encuentros que han hecho parte de su vida.

El relato abre diferentes vertientes y subtramas: la relación con su madre, con su papá, sus amigos del colegio y la universidad, su amante, sus recaídas y la enfermedad. A esto se suma la proyección de material de archivo, que introduce una dimensión documental dentro de la autoficción.

Frente a la iluminación, la obra utiliza diferentes esquemas que permiten transitar entre acontecimientos y estados emocionales mientras el relato avanza. Hay una presencia particular de tonos fríos y azules. El efecto estroboscópico de la fiesta resulta efectivo: la intermitencia produce un tiempo de parpadeo lo suficientemente fragmentado para causar una descomposición visual del movimiento del actor. No obstante, se recomienda brindar una advertencia inicial, pues la duración del efecto lo hace propenso a causar ataques epilépticos para quienes tienen una sensibilidad particular a la luminosidad.

El diseño sonoro, por su parte, está compuesto por piezas musicales que al inicio parecen acercarse al cliché sentimentalista, pero que, al ser alteradas y acompañadas por una composición electrónica, terminan envolviendo la obra en un universo particular.

Juan se atreve a jugar con las materialidades con mucha audacia. No se contenta con el uso de los textiles o con el recurso que le propone su propia piel, sino que añade la viscosidad líquida y los tonos fluorescentes al relato de la enfermedad del VIH. Su cuerpo se convierte entonces en un lienzo sobre el que se derraman ambos tonos, que entran en contacto hasta transformarse en un naranja chillón que permanece sobre su piel hasta el final.

Es justamente en esta multiplicación de lenguajes donde encuentro una de las principales tensiones de la puesta. Un pez en la tierra bajo la lluvia es un monólogo que, como su autor, se presenta lúdico, dinámico y atrevido; pero su misma audacia corre por momentos el riesgo de saturar la escena. Ropa animada, transformaciones vocales, movimiento, archivo, iluminación, música, efectos, desnudez y materialidades líquidas conviven dentro de una sola narración. En algunos momentos estos recursos expanden la memoria y encuentran maneras distintas de hacerla visible;  en  otros,  su  acumulación  parece  competir  con  la intimidad de la historia que intentan acompañar.  La abundancia parece pertenecer al universo creativo de la propuesta y, al mismo tiempo, deja abierta la pregunta de cuánto necesita una experiencia íntima para convertirse en acontecimiento teatral y cuánto puede soportar antes de quedar cubierta por los dispositivos que intentan representarla.

Un pez en la tierra bajo la lluvia es una historia conmovedora, profundamente sensible y evocativa, que trae al presente el pasado rememorado de Juan sobre el escenario. También resulta significativo que una obra que aborda la diversidad sexual y una experiencia atravesada por el VIH llegue a sectores no centralizados de la ciudad.

Al terminar la función, uno de los espectadores reveló durante el breve conversatorio que nunca había asistido a una función de teatro y que, después de ver este monólogo, sintió ganas de volver… ya con eso, Juan tiene mucho de lo que sentirse orgulloso, y el teatro le extiende un agradecimiento a este pez sobre la tierra bajo la lluvia.

Lea críticas de otras obras dando clic aquí.

El proyecto Crítica teatral cuenta con el apoyo de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte mediante su Programa Distrital de Apoyos Concertados 2026.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *