Santiago Merchant es actor, director y dramaturgo. Maestro de la Academia Superior de Artes de Bogotá. Realizó una especialización en Escritura para la escena, en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Ganador del premio Fanny Mikey al teatro colombiano 2012, con su proyecto Granujas. Hace parte del colectivo Santo.
William Guevara Quiroz (WGQ): Santiago ¡Hola! ¿Cómo estás?
Santiago Merchant (SM): Hola, gustazo. Encantado de volver a encontrarte, un pretexto para hablar.
WGQ: Eso quería que hiciéramos, sobre todo porque me gustaría indagarte sobre uno de tus más recientes proyectos, que nació del teatro: «El conejo más estúpido» la serie web.
SM: Sí señor.
WGQ: Vamos por el principio. Háblanos sobre tu obra de teatro «El conejo más estúpido de este siglo».
SM: Sí, pregunte no más.
WGQ: ¿La obra en qué año fue escrita, cuál fue su proceso de escritura y cuándo vio la luz sobre el escenario?
SM: Sí, esta obra la escribí por allá en los albores de mi proceso de posgrado en la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina, en el año 2009. Nació a partir de un cúmulo de ejercicios de escritura, a los que con el tiempo denominé “matemática dramática”, bien comandados por el maestro Gonzalo Marull, uno de los dramaturgos más destacados de dicho país. En esas prácticas de combustión espontánea, descubrí mi obsesión por tajar la realidad con situaciones completamente irreales, casi infrarreales, en términos de Bolaños. Cómo en una esquina de barrio pueden pasar cosas inimaginadas pero completamente posibles ―un poco atendiendo, si se me permite, a la noción de lo “fantástico”, Todorov― y en esa búsqueda, que más era un juego totalmente intuitivo, empezaron a aparecer los animales. Allí la escritura comenzó a tomar otra forma, una forma por demás caótica, desprolija, pero empecé a entender que era mía. Posteriormente la cosa ya empezó a ponerse un poco más seria, cuando dilucidé mis andares por Bogotá, los personajes sacados como de otras épocas, las situaciones inverosímiles. Eso que llamamos “la Fácil” propio de nuestra cultura, los caminos cómodos, los caminos seguros. Los caminos que desconocen muchas veces la existencia y la dignidad del otro. Esa otredad fue la que me atrajo. La otredad en todo sentido: dramatúrgico, discursivo, existencial, pero existencial de mi existencia, no de paseos parisinos ajenos. En fin… durante dos años no paré de escribir y mi paseo por el país austral terminó en el 2011, año en el que volví a desembarcar en Bogotá. Mi gran amigo y cómplice Daniel Calderón no dudó en llamarme y yo no tuve más remedio que mostrarle mi obra. Y allí empezó todo, a mediados de ese mismo año estrenamos en la sala del Teatro R 101 con un elenco que hoy por hoy, es parte sustancial de mí y de mi quehacer en estos años. Cristian Villamil, Cesar Álvarez, Aleja Miranda, Natalia Reyes, Andrea Duarte, Ana Aguilera, Andrés Bossa, Juan David Cataño, El negro Lasso (me toca mencionarlos a todos para no herir… ).
WGQ: ¡Un muy buen parche! Pero en ese estreno, con esta obra, se nos permitió estar frente a una mirada y búsqueda que siguen vigentes en tus creaciones posteriores, en donde podemos sentir la presencia de Roberto Bolaños, ya que lo nombras, pero también la Tarantino o Almodóvar; obras en donde habitan tranquilamente la violencia, la desfachatez, el humor negro y una postura social y política. ¿Hay un coqueteo cinematográfico en las composiciones de tus obras cuando las escribes y cuando las montas?
SM: Sí… siempre, la filia ―o la fobia― con lo cinematográfico ha existido, siempre. Es encantador que el cine sea una rebanada congelada de realidad y tiempo. ¿Cómo darle al teatro tal encantamiento? Pues no, no se puede en términos técnicos, yo no pude; la puesta en escena tiene otra especificidad, la acción en vivo es otra magia. Capaz me esmero por dar focos y planos y ciertas simultaneidades y planos cruzados, siempre intentando guiñar lo cinematográfico, pero se queda en eso, en intento, un ¡muy lindo intento! Que poco a poco se fue convirtiendo en un lindo intento de lenguaje propio. Siempre he pensado que la dramaturgia si posee dichos poderes (la rebana congelada), la dramaturgia es lo más parecido al cine en ese sentido, es memoria, es tangible, ¡existe! Es lo más cinematográfico que tiene el teatro a mi ver. Y es allí donde vuelco toda esa filia y esa fobia, escribo como viendo cine del mejor… y ¡del peor!
WGQ: Sí, hace parte de tu sello. Pero esta vez no te aguantaste, decidiste traducir o adaptar y llevar a buen término la versión de El conejo más estúpido de este siglo a la pantalla y ahora los que vimos tu obra en el teatro, la podemos disfrutar gracias a la serie web homónima. ¿Qué pasó ahí? ¿Por qué la decisión? y ¿Qué decisiones te trajo esa importante decisión?
SM: Como sabes, los deseos de indagar lo audiovisual siempre ha existido, pero nunca habíamos realmente quemado nuestras naves por hacerlo; y era por una sola cuestión: miedo. Miedo a lo nuevo, al lenguaje, a comandar un equipo profesional de la peor manera, muy parecido a esa incertidumbre que nace con la pregunta ¿estoy ensayando mal?. Pero creo que ya no había marcha atrás, tenía que estrenarme y descubrimos que, gracias a la dramaturgia, el proceso no estaba tan lejano y que no estábamos tan equivocados. Todo estaba ahí, en el texto. Los planos, las secuencias, el look. Era cuestión de estudiar más… mucho más. En la adaptación estuvimos Leonardo Martínez y yo. Logramos hacer 4 versiones del guion. No sé si quedaría la mejor, pero la última fue la que aprobamos con Xiomara Galeano y Villamil, los dos productores del proyecto. Cuando Caracol tv aprobó los guiones, empezó el trabajo real de producción. Corrimos con mucha suerte pues nos acompañó un pelotón de profesionales impolutos. Por supuesto en el proceso invocamos a Borges, a Tarantino, Lynch… entre otros pocos. La enciclopedia no está bien amueblada aún.
WGQ: ¡Jajaja! Pero estos amigos tuyos que invocaste no te abandonaron ni un instante. La serie es muy divertida, con un lenguaje visual muy atractivo y con una actuación, dirección y guion que engancha desde la primera imagen. Aquí entre nos ¿es mejor el libro que la película?… te cambio la pregunta ¿Qué gratificaciones te trajo cada una de las versiones de este «Conejo»?
SM: Creo que el libro es una cosa y la película es otra, las dos son experiencias sumamente distintas. Algunas veces se complementan, otras no. Los dos trabajos siempre exigirán juicio. Lo que sí, acá entre nos, es que cualquiera puede convertir un maravilloso Beckett en una completa desgracia teatral. Todo depende del cristal… Por mi parte estoy satisfecho con las tres (la dramaturgia, la puesta, la serie) pero sobre todo por una cosa: los deseos de continuar, los deseos de siempre ponerme en problemas, no hay nada más excitante que arrancarse los pelos haciendo lo que no puedes dejar de hacer. Y también reconocer el trabajo dramatúrgico, la dramaturgia debe anidar en todo, es el sentido, es el soporte. Historias hay muchas pero dramaturgias pocas. Soy de los que piensa que todo es potencialmente “contable”, el dilema es que sea potencialmente serio, no importa el género, ahí está la dramaturgia.
WGQ: Santiago ¿los que no han visto la serie web en dónde la pueden ver, y los que no han visto la obra teatral cuando la podrán ver?
SM: La serie está en la plataforma Shock.co o youtube con el título El conejo más estúpido. Un buscador ágil también los llevará. Está por todo el cibercosmos. ¿Y la obra? La última pregunta creo que es difícil. Este año nuestros amigos de La maldita vanidad nos invitaron a tener una encantadora temporada en sus instalaciones. Nos reencontramos con la sala llena, nos divertimos, nos vio nuevo público que fue lo más aplaudible, pero nos despedimos (risas). No sabemos… y no prometo nada aún. Espero que pronto.
WGQ: Bueno, esperamos que así sea. Santiago, mil gracias por tu tiempo y por compartirnos estas experiencias de escritura y de acción. Felicitaciones por ponerte en las tareas que tus inquietudes convocan, y con la mejor vibra para todo lo que viene… a propósito… ¿qué viene?
SM: Tres cosas que el Santo estará por contarles con gran orgullo cinematográfico. Ya lo verán. ¡No andaba muerto, andaba de parranda! jejejejejejeje
WGQ: ¡Jajajaja! Maravilloso. Santiago muchas gracias y estaremos atentos a tus andanzas con tu equipo.
SM: Así será, mil y mil gracias por tu tiempo y tu interés. Déjate ver, ahora soy yo el que quiere saber de ti.
WGQ: ¡Que sea muy pronto! ¡Abrazos, Santiago! Y agendemos…


