Magíster en Desarrollo Educativo y Social de la Universidad Pedagógica Nacional y Artista plástico y visual. Docente e investigador en arte y cultura, gestor y comunicador cultural. Se destaca su trabajo continuo de pedagogía artística con niños, jóvenes, adultos y adultos mayores en localidades como Kennedy, Puente Aranda, Usme y Ciudad Bolívar. Actualmente es docente de educación artística para básica secundaria y media de la Secretaría de Educación del Distrito en el Colegio Luis López de Mesa, localidad 7 Bosa.
Estamos en un punto de inflexión histórico en los rumbos que Colombia dará a sus destinos en los campos del arte, la cultura y el patrimonio pues la invitación a vivir sabroso llegó y aun el éxtasis se celebra en los medios artísticos, tanto en las alianzas de gran escala como en aquellos individuos como yo que caminan a pie por escenarios y propuestas que emergen vitalmente en esta tierra de promisión.
Sin embargo, el reconocimiento de las batallas históricas de los agentes culturales hoy exige su mayor pronunciamiento crítico y transformador, pues ya no solo son las, les y los artistas (directores, actores, escritores, artistas de las diversas disciplinas) sino cultores, gestores y emprendedores quienes tienen la responsabilidad de transitar de la supervivencia de compañías, montajes y propuestas hacia el paradisiaco escenario que la política define como ecosistema teatral: altamente dinámico, sostenible y potenciador de una economía que dignifique a las artes como profesión capaz de aporta al desarrollo cultural, artístico y social de la nación.
Estas transformaciones estructurales no pueden ser lejanas a la importante misión asignada por la Comisión de la Verdad que en su informe sobre los impactos del conflicto en Colombia deja lecciones, que de no aplicarse, seguirán profundizando las devastadoras condiciones de la guerra, aquella mejor testimoniada por las artes escénicas en escuelas, universidades, plazas y teatros de Colombia desde hace ya bastantes décadas atrás.
Considerando esta complejidad, arrastramos una esperanza gestada desde el inconformiso social generalizado a un proceso democrático que por primera vez pone en la cartera del Ministerio de Cultura a una autoridad del ámbito propio de las artes y la cultura. En ese sentido, de un Festival Iberoamericano de Teatro en redefinición en este 2022 asistimos hoy a un Estallido Cultural que hace realidad la presencia escénica en territorios, comunidades y sectores tradicionalmente al margen de las dinámicas de los espectáculos públicos agendados en las parrillas y carteleras oficiales.
Sumado a la reapertura de escenarios después del aislamiento social propio de la emergencia sanitaria por causa de la COVID- 19, “la escena” experimenta una euforia de recibir a quienes queremos salir a ver lo que está pasando, razón suficiente para incentivar y motivar a quienes por primera vez asisten a una sala de teatro a entrar en el ámbito de la circulación de ofertas locales, que para el caso de Bogotá, se prestan a una amplia y nutrida trayectoria, con notable calidad pero de poco apoyo o conocimiento por parte del grueso de la ciudadanía.
Es por ello, que a riesgo de caer en lugares comunes, celebro y felicito la saturación e invasión de ofertas, temporadas, apoyos, estrenos, relanzamientos, eventos y demás, organizados por tantos creadores que fungen de gestores, publicistas, administradores y servidores de las maravillosas obras vistas este año. Cuando recibo la reseña de las 333 obras referenciadas por Kiosko Teatral presentadas hasta el 21 de octubre de 2022, no pude menos que paralizarme ante esta tarea de hablar sobre lo que vi, porque lejos estoy de poder gritar a cuatro vientos que recibí una obra de teatro diaria durante el año (qué más quisiera yo). Pero, ya trabajando en este empeño, mi conciencia descansa al ver delimitada la labor a no menos de un puñado de creaciones dentro de esa gran pléyade de trabajo escénico, que me hace pensar en los enormes retos que harán de Bogotá esa ciudad latinoamericana del teatro que merecemos ostentar y sostener.
Por tanto, defendiendo principios, tal vez caducos como “menos es más” o “calidad sobre cantidad”, puedo decirles que este año no será inadvertido en los futuros relatos de la historia del arte colombiano, pues atestigüé escenas que merecen ser portada de lo mejor del siglo XXI, ensayadas, montadas y aplaudidas en las producciones del año. Ello, acompañado de lágrimas en obras con textos trascendentes o carcajadas por esas ironías que el humor negro produce, como guascas para ajiaco, entre directores, actores, dramaturgos que se ríen con propiedad de nuestras ambiciones y aspiraciones socioculturales.
Resalto que la reactivación del sector nos permitió continuar lo que en el 2021 más abrazamos y fue el regreso de estrenos que retomaron la fuerza del texto, del gesto, de la interacción con objetos, para hacer puestas en escena de alto poder simbólico, sin abandonar lo que en la pandemia fue una innovación (obras en confinamiento expuestas en streaming y montadas con técnicas que hicieron de lo casero su deleite cuasi experimental) y que dieron cuenta de la fertilidad creativa que representó el encierro, dando cara y respuesta a los trapos rojos colgados en ventanas para el sector más castigado, al ser el primero en clausurarse y el último en reabrirse.
En ese orden de ideas, me satisface reportar salas llenas, aplausos ensordecedores, amigos y estudiantes compungidos, movilizados o tocados por lo que percibieron, recibieron o apreciaron en varios eventos y puestas en escena en este año. También celebro la toma, de varias compañías, de espacios no convencionales de la ciudad para escenificar las potencias del acto teatral, así como la emergencia de un quiebre de fronteras, que siguen vedando en la ciudad la oportunidad para ofrecer una oferta continua y de vanguardia de producciones en expresiones como el ballet, el flamenco y la ópera. Felicito a las compañías teatrales que ya han incorporado a sus procesos creativos a músicos que están trabajando composiciones originales, lo cual potencia el valor patrimonial de las creaciones escénicas teatrales. También aprecié que ya es un estándar desarrollar escenografías y utilerías con altísimo valor en el uso de objetos, definición de imágenes y uso de proyecciones, animaciones o recursos de video en escena. Celebro la armonía que hay entre espacios, comunidades y la sinergia para el trabajo creativo con otras, otros y otres. Me emocioné al ver la solidaridad con los actores de trayectoria que son impulsados y respetados por las nuevas generaciones y las vaquis para apoyar colegas que han afrontado crisis por su salud. Y dejando mucho por fuera, celebro que todo este movimiento no ha dejado de lado la investigación, los lanzamientos editoriales, el trabajo de movilización político y el activismo gremial tan necesario en la convulsa y enajenada sociedad colombiana.
Ya con toda esta carreta les expongo a mi juicio las diez creaciones que mejor me vaciaron porque me dejaron sin palabras, a veces enternecido, a veces cuestionado. Como es usual en este tipo de tareas, presento mis excusas a todos los maestros escénicos, dramaturgos, actores y directores aun no vistos y sobre quienes no escribo. Para ellos es este escrito pues les afirmo que haré lo posible por verlos, por caminarlos, por sufrirlos. El ánimo expuesto, la euforia y el éxtasis de esta labor no es ni mucho menos una sistematización o una historiografía, más bien los conmino a que no dejen ustedes de continuar lo que bien saben hacer: dejar memoria. Espero trabajar más continuamente en otros escritos para darle espacio a esa potencia de lo bueno, lo bonito y lo barato, como entendemos el quehacer creativo de las artes. Anexo la fecha en que las vi, pues varias de ellas puede apreciarlas en sus fechas de estreno pero otras en los cierres de sus temporadas. Algunas son de su respectiva casa, otras son el resultado de coproducciones que les permiten moverse en diferentes escenarios, lo cual en lo personal celebro, pues incentiva dirigir el interés de varios grupos de personas y facilita el trabajo de profesionales como yo, que soy docente de colegio público distrital interesado en la línea de apropiación y formación de públicos.
El pato salvaje / Casa del Teatro Nacional / Dirección: Sandro Romero (Vista el 12 de mayo)
Desde que inicia la obra y los actores de la misma empiezan sentados entre el público a ver lo que acontece, se respira un denso aire que presagia la no anunciada tragedia. Con fluidez, se va trabajando un crescendo de decepciones que obligan a revisar lo percibo, pues el texto literario va quedando sepultado en las interacciones mismas de los actores, los cuales de forma abyecta interiorizan la culpa en la noción de testigo, de verdugo y de juez. Un trabajo impecable, con bellísima iluminación tipo penumbra, que pone los valores del juego dramático en una paleta teñida de realismo en medio de las fabulaciones y diálogos aparentemente inofensivos de una comunidad.
Adentro… Gastom y Mandí / Casa del Silencio / Dirección: Juan Carlos Agudelo Plata (Vista el 22 de septiembre)
Esta puesta en escena tiene todos los adjetivos adjudicables a los atributos artísticos y no es para menos, es una obra donde todo tiene que ser construido para que sea recibido e interpretado con naturalidad. Confieso que es la primera vez que veo una obra silente, y quede estupefacto. La ausencia de palabras hace que lo cotidiano emerja en toda su espectacularidad. Con un mensaje claro, un refinado humor, una sinergia entre actores inigualable, una simpleza en el dominio del espacio y sobre todo, con una humildad arrolladora, la obra es esencialmente un estado liminal que, como en el lenguaje fotográfico, puede evidenciar como lo real es sencilla y llanamente una construcción.
Cadáver exquisito / Teatro Temporal / Dirección: Pedro Miguel Rozo (Vista el 13 de mayo)
Esta constatado que sí se necesita el desarrollo de un monólogo para encontrar las convergencias que subyacen en el oficio del actor (manejo de sí, de su voz, del público y del texto como portavoz de lo mundano). Pero cuando se escribe y se dirige a la vez, esa amplificación de resonancias adquiere dimensiones que subvierten y trasgreden la recepción, cuando ello mismo es lo que se quiere. Al cerrar la obra, encuentro en Cadáver exquisito un perfecto oxímoron como el que es ya tan frecuente en los ámbitos propagandísticos y especulativos del mundo de las subastas y las escenificaciones de farándula. Precisamente encontrar lo feo en lo bello, lo sucio en lo perfecto y lo corrupto en la sabiduría, es la total renuncia a lo políticamente correcto.
Kahlo «Pies para que los quiero si tengo alas para volar» / TE & M Ballet Creativo / Dirección: Laura Velásquez (Vista el 12 de agosto)
A manera de bricolaje, un equipo de rebeldes bailarinas de ballet utiliza la música popular romántica para relacionar los sentidos y símbolos de las pinturas de Frida Kahlo con los relatos de la vida, la feminidad, los cánones de belleza y la tragedia del arte. Lo impactante surge en el momento que el espectador es quien construye la historia al relacionar la técnica corporal, la cultura popular y las interacciones emocionales, resultando percibir una fábula coherente, emotiva y sensible que equipará el amor al arte con el amor romántico como socialmente se percibe desde el relato adolescente. La interacción sonora, el minimalismo propio del ballet y las asociaciones libres, resignifican el uso de las citas a la obra de la pintora, como un valor propio de la cultura pop capaz de movilizar y agenciar desde dobles códigos, agendas de la subjetividad del artista como hacedor, en este caso, el de la visibilización social de una práctica artística altamente valorada, pero escasamente financiada en nuestro contexto.
Elysium / Compañía de Danza del Teatro Julio Mario Santo Domingo, James Cousins Company de Reino Unido, Bronx Distrito Creativo y la Carrera de Artes Escénicas de la Pontificia Universidad Javeriana / Dirección: Sarah Storer y James Cousins (Vista el 29 de octubre)
Esta toma artística en el Bronx Distrito Creativo nos devuelve la esperanza de alejarnos de la cultura contemporánea de la cancelación y la autocensura. Libidinosa y sucia de significados, es antes que nada una catarsis donde el espectador es incitado e incitador de prácticas de usos y abusos en los significados sociales del cuerpo y de la cuerpa. Con textos maravillosos que recuerdan la literatura Beatnik pero en la urbe chapineruna, esta puesta en escena funciona como la paradoja de Borges, entre el mapa y el territorio donde el voyeur es el rey equivocado y el artista se identifica potencialmente como asesino serial, pero que no actúa solo sino en complicidad social con el mundo de las sombras (teóricamente conocidas como tabúes) en ejércitos ensordecedores ante la claridad de la razón. Es comparable a un cuadro barroco.
Welcome to hell my frend / Teatro La conspiración / Dirección: María Alzamora (Vista el 11 de septiembre)
Esta creación fue escogida como una de las cuatro obras de danza de la selección oficial del V Festival Cortocinéticos que la maestra María Alzamora dirige con asombrosa recursividad, iniciativa y creatividad, y que se reinventa cada año como lo saben hacer las “Madonas del Futuro” parodiando a Arthur Danto. El resultado de la conspiración va más allá de la suma de sus elementos (teatralidad, macabrismo, objetos orgánicos, movimientos espasmódicos) para ofrecernos un punto de vista erótico a partir de la apropiación libre y simbólica de la película de Víctor Gaviria Rodrigo D: No futuro. Como todas las cosas auténticas, haber visto este trabajo en la vieja y ruinosa Estación de la Sabana le dio un plus difícilmente alcanzable cuando se monte en otros escenarios, pero ese es el reto. Un diez absoluto para esta y las otras tres compañías seleccionadas en el Festival que ya es un Festival totalmente imperdible en los favoritos de cada año.
Fuck me / Dirección: Marina Otero (Vista el 13 de agosto)
Nada más realista en el mundo del arte que una farsa, una estafa o el tedio cotidiano que acompaña el quehacer y la práctica. Pero cuando esta narrativa es apropiada con la absoluta convicción moderna de la individualidad y la libertad, se convierte en referente y canon que destruye lo que le antecedió y tal vez lo que generará a su paso. Fuck me va más allá del performance, del ejercicio de la resistencia física, de la beligerancia artística y de la rebeldía antihumanista. La propuesta es un poema, una respuesta efímera a la contingencia y un continente de rabia que es imposible ser canalizado a través del arte. Anti representativa, anti terapéutica y anti compasiva, es una cachetada a la mojigatería, la hipocresía y la banalidad. Absolutamente bella y fue un orgullo haber sido despreciado como vil y vulgar espectador.
Yo salvaje / Púrpura Creativo / Dirección William Guevara (Vista el 06 de agosto)
Actualmente lo simple es la expresión máxima de la sofisticación del pensamiento. ¿Cómo podría aplicarse este paradigma en la puesta en escena de un montaje teatral? Me es imposible esbozar respuesta, pero cuando encuentras una obra cuyo texto se teje a la voz como el vestido a la piel, indudablemente respetas la autoridad de lo presentado y representado. Contradictoriamente al título, Yo salvaje es una revisión a lo civilizatorio desde la semiótica de lo colonial, lo clasista, lo racista, lo aporafóbico. Esta propuesta se enriquece con una proxemia entre los actores que logra envolver la trama en sucesivas y categóricas amonestaciones que hacen que los cuestionamientos críticos sumen a lo ético las deudas estéticas, bélicas y oligarcas que se reservan al trabajo hermenéutico con textos sagrados e históricos oficiales. Una obra para repetir, compartir y discutir que se enaltece con sus referencias en idioma portugues, el impecable vestuario fashionista y la utilería de neón como referencia kitsch a un problema complejo de subordinación de identidades.
El templo del placer / Dirección: Marisol Correa (Vista el 21 de mayo)
Definitivamente el trabajo más divertido, crítico y reflexivo de esta selección. Una obra que es necesario verla con la amiga, la enemiga, la hermana, la abuela o la vecina para que lleven a sus esposos, hijos, padres. En fin, el formato es absolutamente amigable con las estrategias posmodernistas de la apropiación, pero con un aporte en términos pedagógicos que se vuelve emotivo y aleccionador. Con actuaciones deslumbrantes, chistes y apuntes sexistas pero invertidos y un relato que aunque reivindica el amor romántico, le da “palo” pero del bueno, es una oportunidad de equiparar la diversión con la revisión de lo que sabemos que está mal o no funciona, pero que como sociedad nos resistimos a cambiar: el machismo. Personalmente amé la analogía con la Liturgia y la lectura de textos sacros y muy especialmente la corta pero fulminante aparición de Clitorisnator.
El niño y la tormenta / La congregación Teatro y Compañía Cortocinesis / Dirección: Johan Velandia (Vista el 6 de julio)
En el marco de los 15 años de La congregación aparece la creación de Johan Velandia que continua la línea de teatro crítico, político y social que se aprecia con excelencia en obras como Camargo, Omisión o Rojo y que tuvo su clímax en 2021 con Solo me acuerdo de eso. Sin embargo, hay tres elementos esenciales que hacen de esta nueva obra una suma en el mejor sentido de la palabra: el primero es un equipo de actores que brillan con excelencia como Diana Belmonte, Natalia Coca, Cristian Ruíz, que indudablemente nos atrapan y fascinan dentro y fuera del escenario. El segundo es la sinergia creativa con la Compañía de Danza Cortocinesis dirigida por Ángela Bello y que cuenta con los maestros Yovanny Martínez, Aníbal Quiceno, Maria Alzamora y John Edwin Vargas, además de un equipo de apoyo deslumbrante donde participa el músico Camilo Giraldo (quien está en varios montajes teatrales este año). Entre todos logran escenas míticas en el desarrollo de la historia (menciono el juego del avioncito, como ejemplo). El tercero es un texto que atrapa, conmueve, que deslumbra y con el que es imposible no tener relación sea por afectos o desafectos. Sin duda alguna, dentro de la prestigiosa carrera como actor y director a Johan le sobresale el aspecto escritural como columna de su talento personal. Imperdible sin duda, de lo mejor del siglo XXI. Espero a mis 90 años ver esta obra con otros actores para, como los buenos vinos, saber cómo fue su maduración.
Gracias por la oportunidad y me despido no sin antes mencionar las deudas que esta tarea me deja con los maestros incansables como Alejandra Borrero, Primo Rojas, Robinson Díaz o Rodrigo Rodríguez que nunca paran. También con los héroes que sostienen el teatro local en los programas de Salas Concertadas, con el movimiento de teatro universitario, la incursión de maestros como Sergio Cabrera en la maravillosa opera El elixir de amor o la actual estrella colombiana Betty Garcés quien brilló con su actuación en Ariadna en Naxos y que espero ver pronto en los mejores escenarios del mundo. También con todos los maestros de salas, academias y teatros en Bogotá, todos luchones y empoderados. También a les amigues como House of Tupamaras, Manu Mojito y Tina Pit (la lista es inmensa). A todos un feliz 2022 y que sigan en la escena. Parafraseando a Tina: “cuando me enamoramuero, crezco”.



El maestro de la redacción impecable!