El pasado 10 de julio de 2020, el actor y cofundador del Teatro La Candelaria, Fernando «Piyó» Mendoza, falleció en la ciudad de Bogotá.
«Soy Fernando Emeterio Mendoza López y desde la adolescencia me dicen Piyó, no porque tenga algún ancestro francés, sino por ser como indio Pijao, auténtico del Tolima.
El teatro me atrapó con toda su intensidad en combate contra la timidez; y a pesar del autismo he logrado permanecer en el grupo desde su primera obra, hace ya, más de cuarenta y cinco años.
Cuando vi Galileo Galieli en el Teatro Colón de Bogotá sentí que el proyecto de mi vida estaba en ingresar a un grupo como ese.
Cuentos, talleres, invenciones, ensayos, presentaciones, análisis, desde entonces es el grupo que ha fertilizado mi existencia, he trabajado en casi todas las obras por América, el Caribe, Europa y una película en Finlandia.
Nací en Ibagué el 20 de abril del año 1935 cuando las campanas de la Catedral estaban sonando Pascua.
Soy bachiller del Instituto Nicolás Esguerra, estudié algo de arquitectura en la Universidad de América y mucho menos de Geología en la Universidad Nacional, he pintado dos óleos y dibujado cinco carboncillos; he escrito algunos cuentos y poemas…
Hoy a los 77 años conservo la esperanza de permanecer en forma mucho tiempo más.»
Así «Piyó» escribió su biografía para el libro El Teatro La Candelaria y el movimiento teatral en Bogotá 1950 – 1991, publicado en 2013.
Fernando Mendoza López hizo parte de la agrupación Teatro Experimental Ohel, creado en 1956 y dirigido por Abraham Zalzman. Como estudiante universitario trabajó bajo la dirección de Víctor Muñoz Valencia, destacado por su labor como libretista en el radioteatro de la Radiodifusora Nacional de Colombia y como traductor y adaptador de obras para Teatro El Búho. Tuvo vínculos artísticos con el director de televisión Bernardo Romero Lozano en los llamados «teleteatros». En 1966 fundó la Casa de la Cultura —hoy Teatro La Candelaria— junto con los maestros Santiago García, Patricia Ariza, Carlos José Reyes, entre otros. Soldados, obra basada en La casa grande de Álvaro Cepeda Samudio, no solo fue el primer montaje de la agrupación, sino el inicio de Fernando Mendoza en la construcción de una larga lista de personajes que interpretó para este proyecto teatral. Fueron una cincuentena de montajes en los que participó durante los 54 años de vida que hasta la fecha lleva activa la agrupación.
Consolidó su vida artista en el Teatro La Candelaria como autor – actor, en diferentes procesos de creación colectiva. Guadalupe años sin cuenta (1975), Los diez día que estremecieron al mundo (1977), Diálogo del rebusque (1981), La tras-escena (1984), El paso (1988), La trifulca (1990), El Quijote (1999), Antígona (2006), Camilo (2015), y Refracción. Mientras no se apague el sol (2018), son algunas de las obras de las que hizo parte.
Hoy su historia se confunde con la del Teatro La Candelaria, del cual fue integrante desde la edad de 31 años. Un hombre callado, observador, disciplinado, y como lo describe Patricia Ariza «un actor impecable en su ejercicio escénico… Se le ve casi todo el tiempo silencioso, pero entregado en cuerpo y alma al teatro». Así fue Fernando «Piyó» Mendoza quien partió para encontrarse con otros de sus colegas y su gran director, Santiago García, que murió el pasado 23 de marzo de 2020.
Buen encuentro, maestros.



Cumplió Fernando Mendoza con el teatro colombiano a pies juntillas. Ahora debemos cumplir quienes aún quedamos (por poco tiempo) con construir esa memoria y darla a conocer. Conocí a Piyó haciendo cuentas de la taquilla de La Candelaria, cuando me hizo arqueo y entonces me mostró la meticulosidad con que hacía todo lo suyo. Un día organizando los archivos de la taquilla, descubrí uno de sus cuadernos de contabilidad de los inicios del grupo y con su letra menuda estaba consignado cada centavo (literal) que se pagaba por la boletería. 2 horas estuvimos hablando de la economía de nuestros teatros. Gracias Piyó.
Gracias William, por compartirnos ese bonito recuerdo. ¡Abrazos!