En Al-Andalus, durante el período de guerras civiles del siglo XI que culminó en los distintos reinos taifas, un funcionario de una pequeña corte, el historiador y poeta Abu Hâssan, se enamora de un soldado, llamado Tahir, y como consecuencia de esta pasión ambos son degollados públicamente en un palmeral. Les denuncia el discípulo de Abû Hassan, Khalid, quién, dividido entre el sufismo que procesa su maestro y los fundamentalismos religiosos que se están instalando en la península por el advenimiento de la dinastía almorávide, proveniente del norte de África, no puede soportar la visión de un hombre, cuya mera existencia le pone un espejo que refleja la decadencia de una nueva visión del mundo, de la cual él forma parte. Khalid es el hermano de la esposa de Tahir, Aisha, y no puede soportar que su maestro le coloque en esta encrucijada de lealtades. Sin embargo, el castigo del taifa es especialmente cruel: Abû Hassan, al ser funcionario del taifa, debe recibir un castigo ejemplar, ver cómo matan a su amante, antes de morir él.
La pieza discurre en los pocos minutos entre estas dos ejecuciones. Un calidoscópico “rashomon” de siete voces contarán esta historia con el fin de reconciliarse con el dolor que ha provocado, de comprender y de poner luz. Los vivos hablaran entre los muertos, y de este modo escucharemos la visión de Abû Hassan, de su mujer, Leila, del verdugo Abdelhadi, de Khalid, el discípulo, que termina huyendo hacia el nuevo mundo -posiblemente ya conocido antes de Colón-, de su hermana Aisha, del soldado Tahir, hasta asistir al cuadro completo, relatado por una alondra que sobrevolaba la escena en el momento de la ejecución.
Proyecto de: La maldita vanidad
Dramaturgia: Albert Tola
Dirección: Jorge Hugo Marín
Elenco: Ella Margarita Becerra, Saeed Pezeshki y Santiago Lozano
Fotografía: Nicolás Williamson




