Chi Ch’ang aspiraba a ser el mejor arquero del mundo. Gracias a las enseñanzas de su maestro Wei Fei -de puntería tan certera que, se decía, era capaz de hacer blanco con todas las flechas de su aljaba en la misma hoja de sauce a una distancia de cien pasos-, aprendió a no parpadear y a mirar de tal manera que lo diminuto le parecía llamativo y lo pequeño descomunal. Tres años estuvo practicando hasta conseguir emular al maestro. A los tres años pensó que tendría que matarlo si quería ser el mejor arquero del mundo. Lo intentó, pero Wei Fei consiguió esquivar las flechas de su alumno. Y no vio otra manera de quitárselo de encima y de desembarazarse de aquel peligro de dirigir la mente de Chi Ch’ang hacia una nueva meta.
Proyecto de: Teatro El Nombre en asocio con el centro cultural Casaparte
Dirección: Jhoan Manuel Ospina
Dramaturgia: —
Elenco: Jhoan Manuel Ospina
TEATROVA
CASA TEA


