Juan Francisco Florido: Esto-vi en 2021

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Director y dramaturgo egresado de la Facultad de Artes ASAB y de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha trabajado de la mano con grupos como Sociedades Anónimas Teatro, El Teatro de la Calle Treinta, Usme Proyecto Teatral, Contraindustria, entre otros, con quienes ha participado en diferentes festivales a nivel local y nacional. Actualmente se encuentra vinculado a Teatro Impertinente: un proyecto teatral naciente, de carácter cooperativo junto con otros tres jóvenes directores.

Una de las características que hace del teatro un arte único y atractivo es la incertidumbre del momento. Paradójicamente, alrededor de la pandemia que cerró las salas de teatro y en ciertos casos, lo impulsó a reconstruirse en parte alrededor de la distancia y la tecnología, fue la incertidumbre del momento histórico (por usar un término sin connotaciones negativas o necesariamente positivas) lo que nos mantuvo en un primer momento encerrados. De hecho, todavía es difícil predecir qué va a pasar. Por otra parte, el final del encierro, más allá de la economía o el ocio, reavivó el deseo ferviente que todo realizador de teatro tiene por el encuentro con el otro, ya sea con el espectador o con el compañero de escena. Volver al encuentro presencial, aunque sea con aforo limitado, ha sido uno de los grandes placeres que nos ha otorgado la coyuntura. Una de esas cosas maravillosas que siempre tuvimos, pero que no sabíamos lo mucho que nos deleitaba. No obstante, hubo algunos proyectos que desde la distancia y la intimidad del encierro lograron generar todo tipo de sensaciones a pesar de (o incluso gracias a) la distancia impuesta por la coyuntura. Hago esta aclaración porque entre las siguientes obras seleccionadas, quiero agregar un proyecto que no hubiera sido tan potente como en realidad lo fue, si no fuera por la distancia. Las siguientes obras han sido mis favoritas de este año como espectador, aún cuando muchas no se estrenaron este 2021.

El niño herido: Colectivo Fluxus teatro / Autor: Carlos Be / Director: Arley Ospina Navas

Quien conoce al director de esta obra, sabe que le disgusta cualquier tipo de teatro de carácter facilista y complaciente con su audiencia. Arley Ospina es un hombre que no tiene recato alguno al hablar de su propia oscuridad, la que rodea a los humanos y que en muchas ocasiones no somos capaces de aceptar, pero hace parte de nosotros mismos. La puesta en escena de El niño herido, sin aludir directamente a la violencia, no carece de crueldad, sino que la expone desde la figura del padre al hijo. Esa misma crueldad que tiene un autor al desechar sus obras inconclusas como si fueran hijos abandonados o peor aún, miembros cercenados de ellos mismos. Se trata de una puesta con un trabajo corporal impecable y a pesar de su minuciosidad, completamente lleno de vida. No apta para el espectador que aspira a una velada tranquila y cómoda sin deseo de cuestionamientos.

Torta genovesa: Hijos del ocio / Autor y director: Rubén Darío López Rivera

No siempre es fácil hablar de la muerte desde la cotidianidad, aún cuando sea una constante en la vida de todo ser humano. Por lo general, el primer encuentro con la muerte suele ser desde que esta le ocurre a algún familiar. La verdadera tragedia se da cuando la estancia de la muerte está presente como un elemento unificador alrededor de un único familiar y a lo largo de un extenso periodo de agonía. La potencia de Torta Genovesa consiste en hacer de la muerte una atmósfera permanente alrededor de la cual una familia se mantiene unida a pesar de sí misma, dentro de una puesta en escena naturalista y limpia, llena de cierto colorido vallecaucano cargado de una extraña nostalgia e inevitablemente, atravesado por el frío del barrio de La Merced en Bogotá.

Desmontando a Shakespeare: Compañía Trágica de payasos / A partir de textos de William Shakespeare adaptados por Eduardo Bertoglio, Horacio Gabin, Rubén Penunzio y Hernán Gené / Dirección: Milton Lopezarrubla y Jorge Mario Escobar

En lo personal, me apasiona el teatro que se parodia a sí mismo y no tiene ningún reparo en mostrarse esencialmente como lo que es: el juego de un grupo de locos y borrachos alrededor de un espacio, con nada más que sus cuerpos, sus voces y su histrionismo preponderando sobre cualquier artificio. Si a esto se le suma la parodia de posiblemente, el más grande autor de teatro de la historia de occidente y un grupo alegre de talentosos payasossss (con cuatro eses porque son cuatro payasos) burlándose de sí mismos y de las desgracias de quienes amamos, odiamos y pretendemos vivir algún día del oficio del teatro, el resultado es una puesta en escena sencilla e hilarante hasta los límites de la carcajada. Además de ejercitar los músculos de mi cara y mi diafragma en reír hasta las lágrimas, pocas veces he sentido que salía de una función un poco más rejuvenecido.

Como crecer una planta: El teatro de la calle treinta y Taller 406 / Autor: Juan Camilo Ahumada / Director: Yoshy Velasco Reyes

Este monólogo se trata de una obra de juguete. Y no lo digo peyorativamente, sino todo lo contrario. Una obra terriblemente cruel desde su propia ternura y luminosidad. No genera el dolor de un golpe o de una cachetada, sino que evoca los dolores causados por la herida de la ausencia. El sufrimiento que provoca el vacío y que además se suministra en tenues dosis de ternura siempre es el más doloroso. La obra no demanda un tono melodramático o una puesta en escena espectacular para poder florecer como una planta. De hecho, diría que, todo lo contrario. La unión de la puesta en escena de Yoshy Velasco, la actuación de Sirley Martínez y el texto de Juan Camilo Ahumada busca alcanzar todo su potencial y transmitir toda esa sensación de melancolía, sufrimiento y el duelo de lo que nunca fue, desde el recogimiento y la intimidad como lo podría hacer una cajita de música a partir de una melodía que evoca ausencias y memorias tristes. Como crecer una planta duele, impacta y enternece desde lo tenue.

Fascinación mariana: Autor y director: Sandro Romero Rey

Tengo que confesar que, desde mi adolescencia hasta hoy, siempre encontré a María de Jorge Isaacs como una novela extremadamente melosa y con un carácter regionalista que no me causaba otra cosa que disgusto. No obstante, pensar en la lectura de este texto (y no en la historia que cuenta) como punto de partida de una puesta en escena y de una adaptación cinematográfica extraviada para siempre (o esperemos que no) me atrajo demasiado. Una atmósfera de caserón oscuro, casi gótico y de alta alcurnia decadente no es lo que se evoca en la María cuando se describen los paisajes vallecaucanos, pero resulta inevitable relacionar la pasión y la obsesión por la lectura de algún libro fascinante con los meses de encierro forzado en los que tuvimos que convivir ineludiblemente con nosotros mismos y nuestros libros. La obra, además de estar interpretada por una actriz impresionante, está permeada por un sentido del humor tan oscuro y fino, digno de su autor, como la penumbra de la casona donde todo ocurre y al mismo tiempo, iluminada por las rendijas de luz que conforman la historia de la película perdida y la música de Gustavo Adolfo Rengifo.

El palacio arde: Teatro entre tensiones / Creación colectiva / Director: Leonardo Rodríguez

Lo más difícil de hacer teatro con las víctimas del conflicto y sus testimonios es caer en la manipulación y explotación grosera de su dolor. Sin embargo, en el elenco de esta obra, entre quienes están Pilar Navarrete e Inés Castiblanco, familiares de desaparecidos del Palacio de justicia, toda experiencia propia es valiosa, incluidas las de los artistas que comparten escenario con ellas. Y si no uso la palabra “actores” es porque no existen personajes o mascaradas, sino experiencias vitales de todo tipo, contadas por sus protagonistas. Todas las personas que están de pie en escena tienen una historia que contar, más allá de su condición de víctimas o de artistas escénicos y permanecen en un diálogo constante entre ellos mismos y el público. No se busca acudir a artificios para mostrar un dolor tan fuerte que ninguna puesta en escena podría llegar siquiera a acercarse. Se trata más bien de un ejercicio escénico sutil, poco pretensioso y carente de trucos que invita al intercambio de experiencias como forma de cerrar heridas y de mostrarse políticamente activos, ante la negligencia y el negacionismo de quienes quieren ocultar sus crímenes para lavar las imágenes de instituciones violentas, asesinas y corrompidas.

Lo imperdonable: Polymnia teatro / Versión libre de Dos velorios de Hugo de Jesús Tamayo / Director: Dubián Gallego

Existe una diferencia enorme entre representar el personaje de una víctima y prestar el cuerpo y la voz para exponer las palabras de las mismas víctimas y las personas a su alrededor. Polymnia Teatro lo anuncia desde el principio del montaje Lo Imperdonable. No vamos a encontrar personajes interpretados, sino voces y cuerpos que los mismos artistas han prestado como medios para evocar las voces del texto Dos velorios de Hugo de Jesús Tamayo. No hay ni habrá manipulaciones de la emocionalidad, ni pretensión de revivir a los dos personajes desaparecidos. El uso del video y del diseño sonoro complementan plenamente la presencia de los cuerpos en escena, al punto de ser casi de la misma importancia. El recorrido por la memoria que sale de debajo de la tierra en San Carlos, Antioquia, al que nos invita Polymnia lleva a una poderosa conclusión que el espectador lleva consigo al salir de la obra: el duelo de la familia de un desaparecido es el duelo de todos los que habitamos este país.

Quirón: Teatro capital y Facultad de artes ASAB / Dirección y dramaturgia: Camilo Sastre

Quirón es uno de los muchos proyectos cuyo formato, se podría decir, fue condicionado por la pandemia, pero uno de los pocos que en realidad le supo sacar un enorme provecho. Casi como si estuviera destinado a alcanzar su potencial a partir del formato de radioteatro o podcast, en vez del escenario. Enmarcado dentro del género (si se me permite la etiqueta) de la ficción histórica, Quirón retoma momentos determinantes de la historia del M-19 en la Bogotá de los 80 y 90. No en vano, muchas de las verdades ocultas alrededor de la toma de Palacio se lograron develar a través de comunicados radiales, señales de onda corta e intercepciones de radioteléfono. A pesar de ser ficción, Quirón logra plasmar ese posible sentimiento romántico que muchos jóvenes de izquierda de la época encontraban en la lucha armada, hasta que la realidad de esta los hundió bajo su propio peso. La historia del M-19, y más específicamente la historia reciente del país, está cubierta de sombras convenientemente puestas que deben ser revisadas. Quirón, a través de una ficción sustentada con una minuciosa investigación, invita a iluminarlas.

Postule a sus teatristas y obras favoritas de 2021 en Esto-vi y acompáñenos en la Noche Esto-vi, el lunes 6 de diciembre de 2021 a las 7:30 p. m. en el Teatro de Garaje, ubicado en la Carrera 10 # 54 A – 27 Interior 5.

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