Una inmersión escénica en el universo de Andrés Caicedo que llega como un homenaje al escritor caleño, a las puertas de los 50 años de su muerte, que se conmemoran en 2027. La obra da vida a sus relatos de terror con una estética que remite al expresionismo alemán de los años veinte, con proyecciones de gran formato, actuaciones en vivo y una construcción sonora que amplía la acción y multiplica las atmósferas. Es una propuesta en la que el miedo convive con la ironía, el humor y las claves del gótico tropical. En este universo, lo siniestro no ocurre en castillos, cementerios o paisajes europeos, sino en Cali, entre jóvenes, calles, fiestas, deseos y espacios cotidianos que poco a poco adquieren una dimensión inquietante. Esa mezcla entre lo tropical, lo urbano y el horror conecta directamente con la obra de Caicedo y con una tradición cinematográfica que el director de la obra reconoce como parte esencial de su imaginario.
Desde esa mirada, en la dramaturgia confluyen varios relatos de Caicedo y toma Antígona como su principal hilo conductor. Solano Patiño y Lorenzo Cabrera esperan la llegada de una mujer enigmática y obsesionada con la antropofagia. Durante la espera entran al cine y, a partir de ese momento, comienzan a sumergirse en otros relatos, personajes y espectros, en un flujo narrativo continuo, sin cortes entre una historia y otra. Las películas terminan involucrándolos en aquello que ocurre en la pantalla y los conducen hacia un territorio donde el sueño, la ficción y la realidad empiezan a confundirse. A este recorrido se incorporan progresivamente relatos como El hipócrita peso de los ideales, Felices amistades, Vacío, Infección, Angelita y Miguel Ángel y Los mensajeros, además de Destinitos fatales, cuento que da nombre a la obra, y un fragmento de ¡Que viva la música!, la novela más reconocida de Caicedo.
La propuesta visual de la obra está construida a partir de referencias al expresionismo alemán y a películas como El gabinete del doctor Caligari y Nosferatu, y plantea un espacio alejado de una representación realista de Cali, situado en un tiempo indefinido y cercano al sueño, donde la animación digital, la iluminación y las proyecciones transforman continuamente el escenario. Las imágenes no funcionan como un acompañamiento, sino como parte esencial de la puesta: amplían los espacios y completan el universo visual y narrativo de la obra. Además, se suman proyecciones de actores como: Margarita Rosa de Francisco, María Helena Döering, Alejandra Borrero, Vicky Hernández, Johan Velandia y Dubián Gallego.
Proyecto de: Sandro Romero Rey y Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo
Dirección: Sandro Romero Rey
Dramaturgia: Sandro Romero Rey
Elenco: Alejandra Chamorro, Myra Patiño, Emmanuel Restrepo y Daniel Gómez Velásquez
Ficha artística: Diseño de video: Santiago Caicedo / Diseño de iluminación: Giovanny López / Diseño sonoro: Gonzalo Rodríguez / Diseño de vestuario: Ani Aristizabal / Diseño de arte: Pablo Restrepo / Producción: Maira Salamanca / Asistente de dirección: Laura Gabriela Morales




