Experimento de voz y percusión.
En la obra se dan cita varias voces inconclusas del pasado, que se vuelven reales en el presente; por medio de cápsulas de sentido en torno a la paz de nuestro país. La obra es una invitación a «corazonar» en voz alta con un mundo dominado por la crueldad, que en la mayoría de los casos no quiere escucharnos. La acción artística desde la lectura es una búsqueda de las corporalidades y narrativas del yo, se practica desde la obsolescencia y la lateralidad de estos cuerpos en el espacio, interrumpiendo la voz con el sonido y develando lo invisible de los mismos en nuestras cotidianidades.
Seres como: tú, ella, nosotras y ellos, son aquí en la frontera: la niña y el capitán, las hermanas, Sombra, el padre, la comadre y el padrino, el periodistas y Paz Colombia. Todos se enfrentan como espejos a nosotras mismos. Este acontecimiento quiere invitarlos a llorar, enfrentar, conciliar, tejer, trenzar, completar, cocinar a fuego lento todos nuestros dolores. En fin, a soñar que todo se puede con la magia del teatro.
Esta puesta en escena no solo entretiene, sino que deja un poderoso mensaje de valor, invitando a los asistentes a cuestionarse, reconocerse y transformar su entorno.
Proyecto de: Fahrenheit 451
Dirección: Iván Manrique
Dramaturgia: Liliana Alzate Cuervo
Elenco: Yenny Cantor, Gabriela Suárez, Daniel Rozo y Sebastián Guerrero



Me parece muy valioso cómo el experimento de voz y percusión no se queda en lo estético, sino que se convierte en un acto de memoria y resistencia. La idea de levantar la voz con la verdad es necesaria frente a un mundo que muchas veces se niega a escuchar. La escena se convierte en un espacio de catarsis colectiva y de reflexión crítica.