Moisés Ballesteros: Esto-vi en 2021

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Dramaturgo y director de la compañía Teatro Estudio 87, columnista ocasional del periódico El espectador. Director de la editorial Punto en Contra con la que ha desarrollado la colección Antología de teatro breve colombiano. Lidera el proyecto Sesiones maestras para la dramaturgia que cuenta con tres ediciones.

Ser espectador en un país como Colombia supone una de las responsabilidades más grandes de un gremio tan difícil como el escénico. Es difícil no por la diversidad de creadores o su indudable talento, no lo es tampoco por el hecho de que a menudo la cartelera de una ciudad como la nuestra, inacaparable para los pocos medios de difusión en los que resuenan las creaciones, nos de opción de conocer de todos y degustar de la mayoría; la tarea tan quimérica como romántica se nos presenta a diario como una encrucijada de difíciles caminos. Reconocer además que una posible crítica del teatro colombiano, aunque sea del bogotano, esta lejos de aparecer, o entender las difíciles condiciones de la academia y de los estudiantes para consumir el teatro en diversidad depende mucho de capitales culturales heredados que no siempre y casi nunca son de un gran panorama. La falta de critica no se ha tratado nunca por la ausencia de grandes y sensibles críticos que esporádicamente nos comparten algo de sus apreciaciones. Si existe opinión y criterio, pero el hecho de que nos haga tanta falta el publico dentro de los escenarios hace nocivo el decir algo negativo o para mejorar de un espectáculo pues puede hacerles desaparecer con facilidad valiosos asistentes.

Sucede además que el teatro se consume muy poco, la academia tiene referentes limitados y pasa por el hecho de que si alcanza para consumir algo de teatro, suele ser de los primeros referentes de cada contexto, es decir, la escuela, esto no es de ninguna manera malo, no, pero nos limita el espectro de consumo. Además basta con decir también que no todos las instituciones cuentan con estudiantes para los que consumir teatro sea una prioridad en dicha etapa. Y si nuestras capacidades dentro de las esferas académicas son notablemente limitadas, el gremio en si consume poco, fenómeno que no puedo terminar de descifrar, ser espectador, y además hablar de lo que se consume, termina por se una responsabilidad que más allá del gusto, de la moral o de la ética personal supone una avasalladora tarea que pasa por encima de la apreciación personal y supone un acto de proyección que debe pensar en lo masivo, tarea utópica, si, pero como debe decirse en cada clase de arte que se dicte; hay que asumir la utopía con rigurosidad.

El espectador resulta ser la plataforma final de la obra de arte, cuando el gesto creativo cruza el umbral de lo individual y se comparte en público, la reflexión produce un movimiento de transformación desde imperceptible hasta masivo, la producción de dicho movimiento es la finalidad de cualquier creador y quien haya vivido o percibido este movimiento, estando de un lado o del otro, del receptor o del entusiasta artista que se mantiene en reflexión, el teatro cobra sentido en dicho momento; la experiencia activa la reflexión y la reflexión construye nuevas preguntas que hacen el nuevo teatro que consumimos cada día, entretenido, conmovedor, que provoca carcajadas, genera llanto, produce sueño, detrás de cada creador hay una pregunta que nace, por lo general de la angustia de vivir.

El proyecto de Esto-vi, producido y promocionado por Kiosko Teatral es, sin lugar a dudas una apuesta por aprender a seguirnos reconociendo en plataformas que ponen en tensión a la vez que nos permiten recordar que hacemos parte de un sector muy grande de seres humanos que apuestan por otro tipo de comunicación, su invitación me ha puesto en jaque porque en realidad me encantaría hablar de cada una de las obras que he visto este año y a la vez invitarlos a que las vean todas, sin excepción, sin que sus intereses decidan, pero siendo corto el tiempo para reflexionar, aquí un pequeño espacio para hablar de algunos de los espectáculos infaltables en la vista del espectador.

Narciso: Púrpura Creactivo / Dirección: Yovanny Martínez

Sin lugar a dudas, la investigación de la escena y lo dramatúrgico es parte fundamental de este equipo creativo que ya cuenta con veintitrés años de trabajo. El ejercicio desarrollado en este unipersonal interpretado por William Guevara es una investigación poética sobre la imagen, una visión muy particular sobre el mito de Narciso y ante todo una bofetada a esas creaciones que desde la pretensión olvidan el inmenso valor de lo sutil.  Si tuviera que resumir la obra en una palabra sería «impecable».

Ascuas y azufre: Teatro Libre / Dirección: Diego Barragán

Una habitación y dos personajes, un objetivo y un obstáculo, lineamientos básicos de la dramaturgia que parecieran ir y volver en las tendencias pero que bien resueltos nos recuerdan la potencia de una obra clara y bien interpretada.  La producción del Teatro Libre no deja de enmarcar un lenguaje concreto que ha pertenecido a los procedimientos de la compañía desde antaño, la aparición de un dramaturgo que ya cuenta con varios estrenos y su matrimonio con la compañía permitió una evolución notable en las creaciones de los últimos años. Una pieza cautivadora, con una gran ritmo, magistralmente interpretada con la que esperamos se pueda recordar siempre el gran talento de Jorge Plata.

El palmeral: La maldita vanidad / Dirección: Jorge Hugo Marín

Y si bien las investigaciones constantes y el trabajo riguroso sobre los mismos procedimientos puede provocar movimientos tan interesantes como los del Teatro Libre, en esencia, una de las cosas que más debería importar para las compañías de teatro que ya cuentan con un reconocimiento importante en la escena y cuyo trabajo es a todas luces un referente significativo para las otras generaciones, tiene que ver con evitar las zonas de confort que han encontrado con su investigación creativa. Por la anterior premisa, uno de los aspectos que primero me llamó la atención de la ultima puesta de La maldita vanidad fue está; encontrar un equipo que se renueva en su lenguaje, que va abriéndose campo con otro tipo de dispositivos escénicos que le vienen bien en un momento donde otras compañías están entrando en la comodidad de presentar siempre la misma obra disfrazada con una fábula distinta, encantan, lo sé, reconozco la eficacia, pero recorrer un camino nuevo, hacerse las preguntas esenciales desde una nueva perspectiva es generar temblor, no solo en el espectador si no en lo que subyace en el creador detrás del gesto, movilizarse de este modo no puede traer algo distinto que la sinceridad sobre el escenario.

Mala Memoria: Espectro Dómestico / Dirección: Daniel Medina Chaparro

La aparición de dramaturgos de nuevas generaciones supone una esperanza maravillosa para el medio teatral, refrescan los lenguajes, son atrevidos, producen sin el miedo de fracasar (o por lo menos no lo hacen evidente), el trabajo de Daniel Medina sin lugar a dudas provoca atracción, sus puestas desarrollan preguntas para el actor y son plataformas para desarrollar fabulas que albergan dolor, angustia, risa, llanto, mueven, tienen vida, Mala Memoria cuenta además con la participación de actores que se entregan generosamente en la escena, la puesta es limpia, goza de peripecias que tejen tensión.

En tierra, impro y memoria: Circula colectivo / Dirección: Felipe Correa Estrada

La impro ha ido ganando un terreno muy importante en la escena bogotana y esto se debe a un movimiento muy grande de actores que encuentran la mejor manera de ejercitar el músculo de la actuación a través de la provocación del gesto espontáneo en la escena vacía, algunos de los formatos sin embargo dejan un sin sabor que opera en ellos debido a la falta de investigación o de preguntas que vayan más allá del entretenimiento y de la escenificación trivial. Con En tierra, la expectativa se derrumba y emerge una experiencia de enorme calidad, contando con dos actores que provocan ternura y conmoción, la estructura y la investigación nos permiten gozar de un gran espectáculo que se va tejiendo frente a nosotros con magistral riqueza, su investigación sobre el conflicto es cuidadoso y no cae en el panfleto, no quieren manipularnos emocionalmente y eso se agradece, el público construye colectivamente y provoca una intimidad que paradójicamente nos pertenece a todos y de todos nosotros, como espectadores, recibe algo, nos roba algo, nos permite compartir algo. Al acabar la obra, si es la primera vez que la vez, dan ganas de volver al siguiente día para comprobar la efectividad de lo ocurrido.

Torta Genovesa: Hijosdelocio / Dirección: Rubén Darío López

El tratamiento de lo real suele ser una línea aguda y peligrosa por tocar zonas en las que solemos estar expuestos a la manipulación emocional, sin embargo, la intimidad desgarradora que logra Rubén Darío López es abismal, estamos frente a un juego de exposición que aceptamos porque le pertenece a él y descubrimos que sus tratamientos solo pueden pertenecerle a él y por lo tanto la sinceridad producida en el escenario nos sobrecoge, nos protege, nos hace reflexionar. Las actuaciones del equipo están en un punto muy alto y esta también es una virtud especial del espectáculo, por otro lado, la propuesta en lo espacial también nos hace aterrizar en un espacio íntimo, es una composición metafórica; como si las paredes de la casa se vinieran abajo y todo quedara expuesto.

Hermanos. Pequeños crímenes de familia: Compañía Nacional de las Artes en coproducción con La navaja de Ockham / Dirección: Katalina Moskowitcz

Las preguntas de un creador que guían su trabajo son la realidad sensible de cualquier obra, con Hermanos, las preguntas salen de los lugares comunes y cobran otro valor ético, somos invitados a trabajar lo real, nuestra actualidad, pero con una delicada distancia que nos permite objetivar el hecho real y diseccionarlo para no abrirnos a conclusiones rápidas y superfluas, la dramaturgia es clara, bien tejida, con procedimientos finos que nos dejan navegar por la fábula y las emociones. Transitamos con pinzas las preguntas colectivas que todos nos hemos hecho y que pueden responderse con irresponsable afán ante hechos tan crudos como los de nuestra sociedad.

El palacio arde: Entre tenSiones / Dirección: Leonardo Rodríguez

Esta obra sin lugar a dudas merece una mayor plataforma de visibilidad y reconocimiento, y ese es quizás uno de sus muy pocos peros. Detrás de este trabajo hay una búsqueda liminal que propone preguntas concretas entre lo real y la puesta en ficción; trabajar con víctimas de la Toma del Palacio de Justicia, y ante todo, cuestionarse sobre como provocar nuevas estrategias para la reconstrucción del tejido social atraviesa el escenario y, por supuesto, atraviesa también los procedimientos utilizados en la creación escénica. La obra es un acto escénico que se pregunta por la naturaleza de los hechos que lo van componiendo y su intención. Las víctimas se cuestionan junto con los artistas sobre la pertinencia de lo que hacen, del gesto, del método, de las preguntas mismas que tejen la investigación. Estas preguntas son proceso y fabula, la obra se construye mientras duda y esta duda es riesgo, no da paso en falso, incluso después de cada gesto sigue poniendo en duda su eficacia y eso construye una forma muy sincera de hacer teatro. Una que es autentica no por nueva si no por la novedad de seguir haciéndonos cargo con sinceridad de las cosas que nos sobre pasan.

Para finalizar quisiera recomendar lo que ya no necesita recomendación en un intento de recordar que hay obras que deben atravesar la historia, sus procesos han marcado hitos muy importantes y su permanencia en la cartelera teatral se debe a su valor poético, a los procesos de los que son resultado y en definitiva a piezas que a pesar de los años no dejan de tener vigencia y valor. Por un lado Labio de liebre del Teatro Petra que después de más de cinco años de tránsito, se ha vuelto a poner en escena, ha renovado algunas caras de su elenco y supone una nueva oportunidad para que nuevas generaciones puedan ser testigos de su existencia, por otro lado, La que no fue, de Umbral teatro, un proyecto dramatúrgico desarrollado alrededor de la investigación de la genealogía de las actrices que realizan la puesta, el trabajo coral, las interpretaciones, el tejido de las situaciones es un acontecimiento escénico maravilloso y finalmente, El malo de la película, interpretado por Jorge Mario Escobar, unipersonal dirigido por Sandro Romero que cuenta la historia de un actor cuya epopeya en busca del éxito lo lleva a cruzar el mar para probar suerte en Europa y se ve enfrentado a las vicisitudes de un migrante latinoamericano en el viejo continente.

Postule a sus teatristas y obras favoritas de 2021 en Esto-vi y acompáñenos en la Noche Esto-vi, el lunes 6 de diciembre de 2021 a las 7:30 p. m. en el Teatro de Garaje, ubicado en la Carrera 10 # 54 A – 27 Interior 5.

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