Teatro La Candelaria: Ubicando el año cero

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Foto de Santiago García en la obra Galileo Galilei. Archivo Teatro La Candelaria

Por: Cristhian M. Ávila

Aunque el  Teatro La Candelaria pone como fecha de nacimiento el año 1966, podría decirse que su génesis empieza a gestarse una década antes, cuando su director principal y referente, Santiago García, decide abandonar sus intereses como arquitecto para dedicarse por completo al arte teatral. Esa decisión inicial marcada por una serie de accidentes y acontecimientos sucesivos fueron los que abonaron el camino para que el proyecto del Teatro La Candelaria naciera un día bajo el nombre de Casa de la Cultura en la calle 23 con 13. Una serie de eventos diversos y aparentemente aislados propiciados por la situación política, social y cultural del país de esa época, terminó de reunir un grupo de personas alrededor de la figura de Santiago García cobijados bajo la utopía de cambiar el mundo a través de las posibilidades del arte, más específicamente desde la escena.

Quizás el primero de estos acontecimientos y aunque parezca increíble, fue la llegada de la televisión a Colombia. La naciente Televisora Nacional requería actores y directores para la inédita empresa, así que decidió contratar a uno de los mejores maestros de teatro del mundo que, por aquellos años estaba en México, un japonés llamado Seki Sano quien había estudiado directamente con Stanislavski y en el Teatro de Arte de Moscú. Allí se encontraron un grupo de personas que luego serían claves en la historia posterior del teatro colombiano entre los que estaba Santiago García, Fausto Cabrera, Carlos Duplat, Paco Barrero y Carlos José Reyes. Seki Sano estuvo apenas unos meses pero su concepción del teatro más allá del texto, su invitación a la búsqueda de un tipo de actuación más natural y relacionada con la verdad y la reivindicación del director teatral como verdadero forjador del hecho escénico, fueron motores suficientes para que decidieran transitar un camino autónomo de exploración, primero arropados bajo el proyecto de Teatro el Buho y luego cada quien por su lado, buscando a las universidades como aliadas para sus fantasías teatrales y en compañía de una generación de estudiantes que respiraba la revolución en sus venas. Durante esa época, inicios de la década de los 60’s, se fortaleció el movimiento teatral universitario que buscaría espacios para compartir y debatir sus trabajos con la comunidad universitaria, pero también la obrera, la campesina, en fin con el país. Este sería el inicio a lo que posteriormente se llamaría Nuevo Teatro Colombiano.

En el caso de Santiago García, quien nos ocupa principalmente en estas líneas, fue a parar a la Universidad Nacional donde fundó el Teatro Estudio y a diferencia de otros grupos que concentraron su exploración en el Teatro del absurdo, García lo hizo profundizando en la obra de Anton Chéjov y Bertolt Brecht, este último conocido en sus años de correría en Checoslovaquia y Europa que le permitieron ver de primera mano la irrupción del teatro político en el panorama escénico europeo.

Desde allí se fortaleció tal vez una intención de hacer un teatro que afectará la sociedad, un arte que transformara el mundo, muy acorde a la utopía en la que creían los jóvenes en aquellos tiempos, provocados por un país dominado por un régimen bipartidista bajo el nombre de Frente Nacional que desconocía y reprimía a cualquier otra forma política y que además hacía oídos sordos a la ola de violencia que azotó al  territorio nacional a partir de la década de los 50’s. Pero no era solo eso, el mundo estaba enfrascado en una fuerte lucha ideológica marcado por acontecimientos como la guerra de Vietnam, la guerra de Francia por detener la liberación de Argelia, la aparición de Mao Tse-Tung como figura prominente de la revolución china, y principalmente el triunfo de la revolución en Cuba en 1959.

En la Universidad Nacional Santiago García dirigirá montajes como El jardín de los cerezos de Anton Chejov, Un hombre es un hombre de Bertolt Brecht, La historia del zoológico de Edward Albee y Play de Samuel Beckett, pero su obra más ambiciosa y quizás la más recordada en su paso por esta institución sería Galileo Galilei escrita por Brecht y montada con una treintena de actores en el Teatro Colón. La obra fue bastante exitosa pero también bastante polémica. La visión de denuncia que mantenía la obra y la publicación de un artículo titulado El caso Oppenheimer causaron indignación entre las directivas de la Universidad Nacional quienes decidieron expulsar a García por provocador.

Santiago Garcia, para este momento, es decir en el año 1965,  ya era una figura reconocida en el circuito teatral de la ciudad, y en una de las reuniones/fiesta posteriores a la expulsión, Santiago, envalentonado por el apoyo que recibía de la comunidad universitaria y el sector cultural de la ciudad, decidió lanzar la siguiente pregunta al aire: “¿Quién se va conmigo?”. Entre el público que lo escuchaba estaba Patricia Ariza, su escudera en guerras venideras. Muchos dijeron sí y decidieron alquilar una casa en la calle 23 con 13 con la aspiración de reunir a la intelectualidad joven de la ciudad, y no solo brindar una oferta teatral sino también presentar exposiciones de pintura, dictar charlas, servir de fábrica para hacer películas, vinculándose personas como Rodrigo Obregon, Luis Caballero, David Manzur, entre otros.

La primera obra que se montó se llamó “Soldados”, escrita y dirigida por Carlos José Reyes, hoy en día reconocido por su papel fundamental como historiador del Teatro Colombiano, y a partir de allí se preparaban varios espectáculos a la vez para mantener así una programación activa durante el año guiada por diferentes directores que tenían en común la exploración de un repertorio vanguardista europeo. Se lanzaron unos bonos para costear el funcionamiento del espacio y se generó una programación bastante nutrida.  Entre 1966 y 1968, este grupo conocido como LA CASA DE LA CULTURA, montó aproximadamente quince obras dirigidas por Santiago García pero también por Carlos José Reyes, Carlos Parada, Enrique Buenaventura, Celmira Yepes y Jaime Chaparro, con temporadas que oscilaban entre las dos semanas y el mes, y hubo grandes éxitos como la versión de Marat/Sade de Peter Weiss que contaba en su elenco con nombres hoy aún bastante reconocidos como Gustavo Angarita, Vicky Hernandez, Consuelo Luzardo, Miguel Torres, Eddie Armando, y por supuesto, con el acompañamiento de actores como Patricia Ariza, Francisco Martínez y Fernando Mendoza, miembros honorarios que junto a García han acompañado este proyecto durante cincuenta años.

Pero esos esfuerzos iniciales no rindieron fruto en el plano económico, el sostenimiento de la casa terminó siendo “insostenible” y se dejaron colgar en el arriendo, viéndose amenazados a ser expulsados e incluso a irse para a la cárcel. El inmueble pertenecía a la familia Santodomingo y estos decidieron perdonar la deuda a cambio de que abandonaran la casa. Muchos de los integrantes decidieron irse, unos a buscar amparo en el también naciente Teatro Popular de Bogotá – TPB, otros a armar nuevos grupos, y alrededor de García quedo un puñado de colaboradores, quienes lograron conseguir un apoyo de $300.000 pesos del gobierno distrital y con ese dinero compraron un predio en el barrio La Candelaria, donde decidieron acuñar el nombre del sector como propio, naciendo oficialmente el grupo TEATRO LA CANDELARIA en el año 1968 en su sede actual de la calle 12 con segunda.

Esta podría ser denominada como la primera etapa de este grupo marcada por el hallazgo de un espacio físico estable y permanente donde poder crear. La siguiente tarea sería construir un estilo propio pero ese un camino que demoraría otros cuantos años más, será parte de una próxima entrega. Por ahora, dejaremos la historia hasta acá.

Algunos textos de consulta:

http://artesescenicas.uclm.es/index.php?sec=obras&id=354

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/colhoy/colo11.htm

http://www.eltiempo.com/entretenimiento/arte-y-teatro/homenaje-a-patricia-ariza-por-sus-50-anos-en-el-teatro/14728036

http://www.bdigital.unal.edu.co/30183/1/28948-103848-1-PB.pdf

 

*Regrese a Un repaso por la historia del Teatro La Candelaria.

 

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