El montaje se desarrolla a través de cuatro momentos o “shots”, cada uno asociado a un cóctel y a una mujer distinta. Sus historias dialogan entre sí, se rozan, se reflejan y, por momentos, se superponen. Las protagonistas parecen encontrarse en un espacio indefinido —un bar, una casa, un tejado, cualquier lugar donde sea posible sentarse a hablar— y desde allí se permiten entrar en el mundo de las otras, compartir sus laberintos y acompañarse. A partir de memorias personales transformadas en ficción, la obra revela un hilo conductor que atraviesa todas las historias: la soledad femenina entendida como una experiencia íntima.
El primer relato, Gin tonic dubitativo, presenta a una mujer cercana a los cincuenta años que recibe un ramo de rosas anónimas. El gesto, aparentemente romántico, desata una cadena de preguntas, sospechas y recuerdos. Lo cual lleva al público en un viaje a través de sus vínculos amorosos, confrontando la ilusión del cuidado con la sensación de abandono. En el Mojito del adiós, Matilde reconstruye la historia de tres generaciones —abuela, madre e hija— marcadas por el desamor y las expectativas frustradas, revelando cómo ciertas heridas afectivas se heredan y se transforman con el tiempo.
El tercer momento, el Cosmopolitan fugaz, sitúa a Carmen en una entrevista de admisión en el más allá. A través de los objetos que guarda en su maleta, revisa su vida, sus afectos y sus pérdidas, para descubrir que hay un asunto con su padre, en el mundo de los vivos, que aún está sin resolver. Finalmente, Manhattan nocturno, se centra en Alma, para exponer la sobrecarga emocional y física del posparto. Desde la intimidad de su casa, enfrenta los fantasmas que la rodean: la ausencia del marido, las exigencias externas, los juicios sobre la maternidad y las voces que dictan cómo debería sentirse.
El dispositivo escénico y sonoro que acompaña este universo íntimo, evoca recuerdos, construye sueños y estados emocionales que conectan al espectador con su propia memoria. A partir de objetos cargados de significado, imágenes multimedia y elementos narrativos provenientes del drama y la farsa, donde los relatos individuales se entrelazan con momentos corales. Un entramado de recursos que busca dar respuesta dos preguntas fundamentales: ¿de qué habla una mujer cuando está sola? y ¿qué ocurre cuando alguien decide escuchar?
Proyecto de: Actrices sin tiempo
Dirección: Gigí Cuervo
Dramaturgia: Luisa Fernanda Martínez, Rosa Inés Otálora, Brigitte Marcela Quintero y Jennifer Argáez
Elenco: Luisa Fernanda Martínez, Rosa Inés Otálora, Brigitte Marcela Quintero y Jennifer Argáez
Foto: John Bedoya


